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I.V.2016. Diferencias dialectales

Jordi-Savall_Barcelona_05-01-2016

Barcelona. L’AUDItori. I-V-2016 OBC. Jordi Savall, director. Obras de J. S. Bach, W. A. Mozart, F. Geminiani y G. F. Händel. Aforo: 2.203 Asistencia: 90%           Si se acepta el manido aserto de que la música es un lenguaje único, habrá que convenir al menos en que tiene diversos dialectos. Y, después de asistir a este concierto, en el que Jordi Savall se ha puesto por primera vez al mando de la OBC, parece evidente que el prestigioso músico catalán y la orquesta barcelonesa manejan registros lingüísticos diferentes, y por ahora acusadamente alejados. Quizás era de…

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Obras de J. S. Bach, W. A. Mozart, F. Geminiani y G. F. Händel.

Barcelona. L’AUDItori.

I-V-2016

OBC. Jordi Savall, director.

Obras de J. S. Bach, W. A. Mozart, F. Geminiani y G. F. Händel.

Aforo: 2.203 Asistencia: 90%

 

 

 

 

 

Si se acepta el manido aserto de que la música es un lenguaje único, habrá que convenir al menos en que tiene diversos dialectos. Y, después de asistir a este concierto, en el que Jordi Savall se ha puesto por primera vez al mando de la OBC, parece evidente que el prestigioso músico catalán y la orquesta barcelonesa manejan registros lingüísticos diferentes, y por ahora acusadamente alejados.

Quizás era de prever: la admirable carrera de Savall se ha desarrollado en torno a una concepción historicista y filológica de la interpretación musical, evidentemente distinta de la ejecutoria de la OBC en los últimos años, cuyas visitas al repertorio premozartiano han sido más bien anecdóticas. Y, a tenor de lo visto, no basta con modificar notablemente la composición de la orquesta y poner en el atril de concertino a Manfredo Kraemer, fiel lugarteniente de las formaciones savallianas, para conseguir la comunión conceptual deseable.

Y así se puso de manifiesto desde la primera obra en programa, la Suite para orquesta n. 3 en Re mayor, donde –dejando aparte algunas dudas en los ataques de la cuerda–, se echó sobre todo de menos una mayor claridad expositiva de fraseo y de texturas –Savall, eso sí, marcó su sello en una Aria de tempo ligero y nada edulcorada–. Vino después la Serenata en Re mayor KV239 ‘Serenata Notturna’, obra mozartiana menor, en la que, sin embargo, el conjunto orquestal se mostró más cohesionado y, en algunos pasajes, consiguió destacar interesantes matices.

Sin embargo, la irregularidad del concierto volvió a evidenciarse en la segunda parte: si la lectura de la página de Geminiani, Concerto grosso n. 12, op. 5 sopra La Follia d’Arcangelo Corelli no pasó de correcta –nuevamente la claridad del sonido no pareció la necesaria–, el tono se elevó por fortuna con los Reales Fuegos Artificiales HWV 351 de Händel, en parte sin duda por la estupenda prestación de los vientos, tanto maderas como metales, que acabaron por ser uno de los elementos más exitosos del conjunto. Cerró Savall con una página de Rameau que convidó a acompañar con palmas a un público predispuesto al éxito y quizás no muy sensible a las diferencias dialectales.

Javier Velaza

Crédito: May Zircus