Audioclasica

12.VI.2016 Solo el verano permite estas licencias

Crédito: Tato Baeza
Un momento de los ensayos de A Midsummer Night’s Dream en Les Arts

Temporada 2015/2016. Palau de les Arts Reina Sofía. Sala Principal   CHRISTOPHER LOWREY. NADINE SIERRA. BRANDON CEDEL. IULIIA SAFONOVA. MARK MILHOFER. DAN KEMPSON. NOZOMI KATO. LEAH PARTRIDGE.  CHRIS AGIUS DARMANIN. PAUL CURRAN, director de escena. ESCOLANÍA DE LA MARE DE DÉU DELS DESEMPARATS. LUIS GARRIDO, director. ORQUESTA DE LA COMUNIDAD VALENCIANA. ROBERTO ABBADO, director musical. Benjamin Britten: A Midsummer Night’s Dream Aforo: 1412 Asistencia: 80 %   Si el aniversario de la muerte de Cervantes fue celebrado con Don Quijote de Ludwig Minkus el pasado mayo, Shakespeare ha sido el protagonista de final de curso. A Midsummer Night’s Dream cierra,…

Crédito: Tato Baeza Un momento de los ensayos de A Midsummer Night’s Dream en Les Arts

Crédito: Tato Baeza
Un momento de los ensayos de A Midsummer Night’s Dream en Les Arts

Temporada 2015/2016. Palau de les Arts Reina Sofía. Sala Principal

 

CHRISTOPHER LOWREY. NADINE SIERRA. BRANDON CEDEL. IULIIA SAFONOVA. MARK MILHOFER. DAN KEMPSON. NOZOMI KATO. LEAH PARTRIDGE.  CHRIS AGIUS DARMANIN. PAUL CURRAN, director de escena. ESCOLANÍA DE LA MARE DE DÉU DELS DESEMPARATS. LUIS GARRIDO, director. ORQUESTA DE LA COMUNIDAD VALENCIANA. ROBERTO ABBADO, director musical.

Benjamin Britten: A Midsummer Night’s Dream

Aforo: 1412 Asistencia: 80 %

 

Si el aniversario de la muerte de Cervantes fue celebrado con Don Quijote de Ludwig Minkus el pasado mayo, Shakespeare ha sido el protagonista de final de curso. A Midsummer Night’s Dream cierra, por partida doble, la temporada en Les Arts: con la versión de Benjamin Britten y Peter Pears en la Sala Principal y la de Felix Mendelssohn-Bartholdy en el Auditori la noche de San Juan. Además, algunas actividades realizadas por parte del departamento de didáctica y una lectura dramatizada han arropado el estreno de este título que supone la primera incursión en la obra de Britten, tanto para la OCV como para el público de abono. A la primera le ha sentado como un guante. El segundo parece no haber reaccionado como ante otros títulos canónicos. En el patio de butacas se vieron algunas calvas que no suelen aparecer. Parece que invocar alguno de los grandes títulos del siglo XX aún es delicado, aunque sea una delicia como esta, tanto por la propia obra, como por la producción.

El escocés Paul Curran conoce el trabajo de Britten y Pears al dedillo, ha escenificado varias de sus óperas, y aquí lo demuestra de nuevo. Por añadidura, esta es su segunda versión de Un sueño de una noche de verano. La primera fue estrenada en el Teatro dell’Opera di Roma en 2012. En esta ocasión, añade un prólogo sin música en el que policías, personal de limpieza y guías turísticos nos alertan sobre lo que vendrá. Sin salir de un tholos, que bien podría ser el de Delfos, la narración transcurre entre la gracia de un Kenneth Branagh y la acidez de Monty Python. Bien se podría considerar el tercer acto como antecedente de las divertidísimas y premeditadamente incorrectas tropelías de los humoristas de la BBC. Es el momento en el que los autores parodian la ópera del siglo XIX y como en Shakespeare in love enseñan los entresijos de un teatro en el que no participa la mujer. No falta su ribete picante, fino, pero patente. De salida es teatro sobre teatro u ópera sobre ópera: una brillante metaópera. Con el trabajo de Curran y Abbado se convierte en una página muy británica macerada por cierto sentir mediterráneo en exquisito equilibrio. Bien lo sabe quien en su niñez pasó las noches estivales a la fresca escuchando mil y una peripecias, de todos los colores, contadas por los vecinos después de habitar la calle durante el día entero. O quien, siendo adolescente, tuvo la oportunidad de contar estrellas tumbado en cualquier lugar oscuro alejado de la urbe. Esta podría ser una de esas historias, un cuento, que solo surge con la canícula  y su puntito libertario. En definitiva, sombras que toman cuerpo para llenar las vivencias más íntimas de quien será adulto sin dejar de ser niño. A ellas pertenece Puck.

Y fue Puck, Chris Agius Barmanin, quien hizo de magistral cicerone, muy ágil en el movimiento y con una prosodia modélica. También Oberon y Tytania mostraron su porte mayestático. Tanto Christopher Lowrey como Nadine Sierra lucieron una línea melódica hermosísima y colores muy bonitos. No obstante, el contratenor mejoró al tiempo que fue calentado su voz. Completó el estrato fantástico un afinadísimo y expresivo coro de hadas formado por los niños de la Escolanía, apoyado por un bonito ballet infantil. ¡Qué bien se lo debieron pasar! El encanto de estos personajes se vio reforzado por el vestuario de Gabriella Ingran y la hábil iluminación de David Jacques. En el ámbito de la realeza hubo mayor desigualdad de sonidos. No obstante, la total entrega de todos hacia lo teatral hizo olvidar cualquier pega. Brandon Cedel y Iuliia Safonova fueron muy correctos en sus intervenciones. La diversión vino de la mano del excelso sexteto de artesanos liderados por Conal Coad, quien dio lo máximo, tanto vocal como teatralmente, aún a pesar de estar lesionado en una pierna. William Ferguson (Snout-The Wall) y Keth Jameson (Flute-Tisbe) resultaron sumamente cómicos a la vez que musicales, lo cual no es fácil dadas las circunstancias. En el foso todos los solistas, y son muchos, estuvieron a un gran nivel. Roberto Abbado sirvió una gama tímbrica variadísima y sutil, brillante en las fantásticas sonoridades titilantes y sinuoso en el onírico glissando que recorre y unifica la partitura. El milanés supo sacar a relucir los cambiantes afectos que moldean a los personajes. A ellos miran Britten y Pears desde pleno siglo XX.

DANIEL MARTÍNEZ BABILONI