Audioclasica

27.VI.2016 Ich bin auch ein Wiener

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Palau de la Música Catalana. Palau 100. 2015-2016 WIENER PHILHARMONIKER. DANIEL HARDING, DIRECTOR Obras de L. van Beethoven, R. Strauss y J. Brahms. Propina: A. Dvořák: Danzas eslavas op. 72/2. Aforo: 2000 Asistencia: 95%   Tras su paso por Madrid en el ciclo de Ibercamera, clausuró la Filarmónica de Viena la serie “Palau 100” de la sala de conciertos barcelonesa, revalidando su visita a inicios de la temporada 2012/13; si en aquella ocasión fue Gatti el director responsable, su enfermedad confió la batuta a Daniel Harding, a cargo de un repertorio íntegramente romántico y coincidente en la adscripción tonal de…

© Antoni Bofill

© Antoni Bofill

Palau de la Música Catalana. Palau 100. 2015-2016

WIENER PHILHARMONIKER. DANIEL HARDING, DIRECTOR

Obras de L. van Beethoven, R. Strauss y J. Brahms. Propina: A. Dvořák: Danzas eslavas op. 72/2.

Aforo: 2000 Asistencia: 95%

 

Tras su paso por Madrid en el ciclo de Ibercamera, clausuró la Filarmónica de Viena la serie “Palau 100” de la sala de conciertos barcelonesa, revalidando su visita a inicios de la temporada 2012/13; si en aquella ocasión fue Gatti el director responsable, su enfermedad confió la batuta a Daniel Harding, a cargo de un repertorio íntegramente romántico y coincidente en la adscripción tonal de las tres piezas programadas (Do menor).

El gesto algo rudo, pero efectivo, de Harding –y la energía de su concepción orquestal– logró sus primeros frutos en la obertura Coriolano op. 62, de Beethoven, avalorada por un notable empaste de la cuerda, la índole dramática de los tutti y la calidez de exposición de su segundo tema, aunque la profundidad del registro grave y el dibujo de la coda quedaron por debajo de la nota general; similares pros y contras cabe expresar a propósito de la versión de la straussiana Tod und Verklärung op. 24, mucho más lograda, por concepto general y brillantez sonora, en el “Allegro molto agitato” que en el “Largo” inicial, con un balance tímbrico desajustado, o en comienzo dubitativo del “Moderato” de cierre.

Y, como remate, la Primera sinfonía de Brahms… Aquí sí, como corroboró el rotundo aplauso a sala plena, podríamos haber exclamado “También soy vienés”: hubo también algún despiste notorio (flautas y trompas en el inicio del cierre del scherzo…), pero la amplitud y claridad del desarrollo del primer movimiento, la suma cantabilità de la cuerda del “Adagio sostenuto”, la precisión de tempo del scherzo y, singularmente, el poderío de los metales y la dicción segura y variada de los episodios de elaboración del coral del “Allegro non troppo, ma con brio” -que condujo a una coda tan rutilante como nítida– quedarán como un hito de este curso sinfónico en el Palau.

 

Germán Gan Quesada