Audioclasica

13-V al 13-VII-2016 La elegancia y el poderío del concierto sinfónico

Muti frente la Orchestra Giovanile Luigi Cherubini. ©Silvia Lelli

RAVENNA FESTIVAL 2016 Asistencia media: 95%   “Ho camminato sulla lunga strada per la liberta” (He andado por el largo camino de la libertad) es el título escogido por el Ravenna Festival que ha dedicado su edición número veintisiete a la figura de Nelson Mandela. Pese a la ausencia de un tema central, el festival ha ofrecido como siempre un interesante diálogo entre música clásica, musical, jazz, teatro, danza clásica y moderna, exposiciones con la presencia de artistas de primera fila. La sección dedicada a los conciertos sinfónicos fue como siempre de gran calidad con la Orquesta Juvenil Luigi Cherubini…

Muti frente la Orchestra Giovanile Luigi Cherubini. ©Silvia Lelli

Muti frente la Orchestra Giovanile Luigi Cherubini. ©Silvia Lelli

RAVENNA FESTIVAL 2016

Asistencia media: 95%

 

“Ho camminato sulla lunga strada per la liberta” (He andado por el largo camino de la libertad) es el título escogido por el Ravenna Festival que ha dedicado su edición número veintisiete a la figura de Nelson Mandela. Pese a la ausencia de un tema central, el festival ha ofrecido como siempre un interesante diálogo entre música clásica, musical, jazz, teatro, danza clásica y moderna, exposiciones con la presencia de artistas de primera fila.

La sección dedicada a los conciertos sinfónicos fue como siempre de gran calidad con la Orquesta Juvenil Luigi Cherubini como conjunto principal, ya que protagonizó tres de los seis conciertos en programa, todos ellos dirigidos por Riccardo Muti, fundador de este conjunto juvenil que cada año confirma su excelente calidad y frescura. Los otros tres conciertos fueron a cargo de la Budapest Festival Orchestra dirigida por Ivan Fisher, la Mahler Chamber Orchestra con Daniel Harding al frente y la Hamburgh Philharmonic bajo la batuta de Kent Nagano.

He asistido a tres de estos conciertos y en cada una de ellos la excelencia de la orquestas y el nivel de los interpretes ha sido extraordinario. Riccardo Muti en la última de sus actuaciones (el primero fue dedicado a Schubert y Beethoven, con una portentosa Quinta sinfonía a decir de muchos colegas, mientras que el otro fue con piezas de óperas de Verdi y Boito) propuso un programa centrado en Mozart y Verdi con el estreno absoluto de unas variaciones para fagot sobre temas del Trovatore de un compositor napolitano del siglo XIX, Francesco Cappa. La sorprendente dificultad técnica requerida al instrumento para esta obra – compuesta sólo una año después del estreno de la ópera de Verdi – demostró la impresionante calidad alcanzada por la escuela instrumental italiana en el siglo decimonónico, injustamente olvidada como ha afirmado el mismo Muti desde el podio. Por la ocasión la obra se benefició del excepcional ex primer fagot de la Chicago Symphony Orchestra, David McGill que en la primera parte del concierto demostró su calidad igualmente en el concierto para fagot K 191 de Mozart; una obra menor del compositor de Salzburgo pero donde ya se hace patente su inmenso genio. El diálogo entre el instrumento solista y la orquesta fue portentoso gracias a la capacidad de Muti de valorizar la transparencia y el diálogo entre las diferentes secciones instrumentales. Aspectos evidentes asimismo en la Sinfoniá Haffner que dio comienzo a la velada y en la que el director lució su personal dominio de las tensiones y distensiones con magistrales transiciones y brillantes contrastes, pero también filigranas en la madera y en la cuerda. Las dos oberturas verdianas de Giovanna d’Arco y La battaglia di Legnano – ejecutadas antes y después de la variaciones de Cappa – demostraron una vez más el total dominio del director napolitano con la obra de este autor del que es capaz de valorizar al mismo tiempo su vertiente más popular y el sofisticado entramado instrumental de algunas secciones de sus composiciones.

Adam Fisher al frente a la orquesta del Festival de Budapest ofreció un concierto donde destacó sobretodo la impresionante calidad de conjunto orquestal a la misma altura de orquestas más distinguidas como los Berliner o los Wiener Philharmoniker. Las transparencias y el juego de citas que caracteriza Jeu de Cartes de Stravinsky lució con asombrosa perfección al principio del concierto mientras que fue emocionante e impactante el ininterrumpido y admirable diálogo entre el piano y la orquesta en el segundo concierto para piano de Liszt. De hecho un poema sinfónico con instrumento solista que se benefició de una actuación modélica del pianista húngaro Dénes Várjon. Pero fue sin duda la versión de la octava sinfonía de Dvořák lo más asombroso de la velada. La gestión de parte de la orquesta y del director de las transiciones presentes en esta partitura, el manejo de la tensión (en el primer movimiento), las texturas (del Allegretto grazioso) y la coherencia con que resolvieron el cambio entre la tercera y la última parte de la obra la convirtieron en una versión de absoluta referencia.

No menos impactante fue finalmente el último concierto de Kent Nagano con la Hamburgh Philharmonic, del que es director titular desde 2015. Pese al poco tiempo al frente del conjunto alemán la sintonía entre el director y la orquesta es ya admirable como se pudo apreciar en la interpretación de la sexta sinfonía de Anton Bruckner, obra que cerraba la segunda parte del concierto. Menos ceremoniosa y monolítica que otras sinfonías del compositor austriaco este trabajo necesita de una gran capacidad en saber equilibrar el aspecto grandioso y el poderío rítmico de algunos temas presentes en el primero y tercer movimiento con el lirismo que caracteriza el segundo tema del primer movimiento y todo el Adagio. Una sección de la obra donde melodía y armonía ofrecen un diálogo y una tensión en el desarrollo de los temas que anticipa ciertos movimientos lentos de Mahler. El director estadounidense supo recoger muy bien todo esto gracias a una flexibilidad expresiva notable y a un control inmejorable de las texturas. Algo que fue apreciable también en el concierto número cuatro de Beethoven que abrió el programa y que tuvo como solista a Martin Helmchen, excelente en todos los registros y muy elegante en el uso del fraseo.

Gian Giacomo Stiffoni