Audioclasica

12-IX-2016 Noseda oficia un Réquiem impresionante

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PALAU DE LA MÚSICA CATALANA 12-IX-2016. ERIKA GRIMALDI, VIOLETA URMANA, SAIMIR PIRGU, MICHELE PERTUSI. COR JOVE DE L’ORFEÓ CATALÀ. ORFEÓ CATALÀ, SIMON HALSEY, director. LONDON SYMPHONY ORCHESTRA. GIANANDREA NOSEDA, director. Verdi: Messa da Requiem Aforo: 2.049 Asistencia: 98% El Dies irae atronó en la sala de conciertos del Palau como si de verdad hubiesen sonado las trompetas del Armagedón y un infierno infinito estuviese a punto de engullir el planeta. En aquel momento, la gesticulación espasmódica de Noseda exigía la entrega sin reservas de cada garganta del coro y una diabólica velocidad a los maestros de la London Symphony Orchestra,…

1_barcelona_09_12_2016PALAU DE LA MÚSICA CATALANA

12-IX-2016.

ERIKA GRIMALDI, VIOLETA URMANA, SAIMIR PIRGU, MICHELE PERTUSI. COR JOVE DE L’ORFEÓ CATALÀ. ORFEÓ CATALÀ, SIMON HALSEY, director. LONDON SYMPHONY ORCHESTRA. GIANANDREA NOSEDA, director.

Verdi: Messa da Requiem

Aforo: 2.049 Asistencia: 98%

El Dies irae atronó en la sala de conciertos del Palau como si de verdad hubiesen sonado las trompetas del Armagedón y un infierno infinito estuviese a punto de engullir el planeta. En aquel momento, la gesticulación espasmódica de Noseda exigía la entrega sin reservas de cada garganta del coro y una diabólica velocidad a los maestros de la London Symphony Orchestra, y tal fue la cosa que más de un espectador exhibía un rostro tan entre empavorecido y catártico que no hubiese resultado chocante en las mismísimas zahúrdas de Plutón.

Pero si ese fue, sin lugar a discusión, el punto culminante de la velada, todo el Réquiem verdiano fue un lujo bajo la batuta del italiano. Desde la primera nota, como exhumada de profundis, hasta el humanísimo Libera me con el que Verdi cerró su peculiar concepto de la misa de difuntos, la concepción fue intensa y honda, pero sabiamente matizada, articulada en un continuum coherente que alternaba los pasajes más decibélicos con otros muy contenidos, pero de no menor expresividad.

Para la empresa contó Noseda con una orquesta que justificó de sobras su prestigio: a  una sección de cuerda de delicioso y aterciopelado sonido hay que sumarle unos vientos majestuosos, sin tacha ni siquiera en los peligros a los que les sometió por momentos la audaz batuta, y una percusión de excelente factura. Y de justicia es también reconocer que el Orfeó estuvo en esta ocasión a la altura de las circunstancias: aunque es seguramente prematuro juzgar la labor de su nuevo director, Simon Halsey, ilusiona pensar que las prestaciones del coro en este concierto son ya síntoma de la mejora que todos le deseamos en un futuro inminente. Junto a la masa coral, los solistas tuvieron una actuación más que correcta, en especial Violeta Urmana y Michele Pertusi, ambos veteranos verdianos, pero todavía en perfecto estado vocal para lo que requiere la partitura. El hermoso timbre de Saimir Pirgu desfallece a veces en pasajes que recaban volumen, o se quiebra un tanto, como le sucedió en el Ingemisco. Y Erika Grimaldi dista de ser la soprano verdiana que conviene a la obra, carencia que intentó suplir con entrega y desigual fortuna.

Nada empeció, sin embargo, para que Noseda firmara un Réquiem de primerísimo nivel, espectacular inicio para una temporada del Palau en la que cabe poner muchas  y muy buenas esperanzas. Que Euterpe nos sea propicia.

Javier Velaza