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30-IX-2016 Los fantasmas de Britten

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  Temporada de ópera 2016/2017. Teatro alla Scala 30-09-2016. Ian BOSTRIDGE, MIAH PERSSON, SEBASATIAN EXALL, LOUISE MOSELEY, JENNIFER JOHNSTON, ALLISON COOK. ORCHESTA Y CORO DEL TEATRO ALLA SCALA. KASPER HOLTEN, Dirección de escena. CHRISTOPH ESCHENBACH, Dirección Musical Britten: The turn of the screw Aforo: 2.222 Asistencia: 85% La nueva dirección artística del Teatro alla Scala parece querer seguir con el proyecto empezado por Lissner de acercarse con más frecuencia al teatro musical de Benjamin Britten. Después de las excelentes producciones de A Midsummer Night’s Dream (2009), Death in Venice (2011) y Peter Grimes (2012) llegó finalmente el momento de presentar…

Crédito: ©Brescia/Amisano - Teatro alla Scala. Miah Persson y Jennifer Johnston en el primer acto de The turn of the screw

Crédito: ©Brescia/Amisano – Teatro alla Scala. Miah Persson y Jennifer Johnston en el primer acto de The turn of the screw

 

Temporada de ópera 2016/2017. Teatro alla Scala

30-09-2016. Ian BOSTRIDGE, MIAH PERSSON, SEBASATIAN EXALL, LOUISE MOSELEY, JENNIFER JOHNSTON, ALLISON COOK. ORCHESTA Y CORO DEL TEATRO ALLA SCALA. KASPER HOLTEN, Dirección de escena. CHRISTOPH ESCHENBACH, Dirección Musical

Britten: The turn of the screw

Aforo: 2.222 Asistencia: 85%

La nueva dirección artística del Teatro alla Scala parece querer seguir con el proyecto empezado por Lissner de acercarse con más frecuencia al teatro musical de Benjamin Britten. Después de las excelentes producciones de A Midsummer Night’s Dream (2009), Death in Venice (2011) y Peter Grimes (2012) llegó finalmente el momento de presentar una de las obras más conocidas y representadas del compositor inglés, The turn of the screw (Otra vuelta de tuerca). Para el coliseo milanés ha sido, en esta ocasión, todo un acontecimiento ya que la ópera había sido representada, en versión italiana, sólo una vez en el lejano 1969 en la Piccola Scala con la dirección de Ettore Gracis. The turn of the screw es sin duda una obra compleja a nivel compositivo, nada fácil para el espectador, pero también fascinante por la forma con la que se representa musicalmente, por medio de variaciones y un sofisticado juego de tonalidades, que son las vueltas de tuerca indicadas en el título. Vueltas de tuerca que se representan como metáfora de la progresiva angustia que acorrala a una institutriz que intenta en salvar la inocencia de dos chicos corrompida por la presencia de dos perversos fantasmas.

La puesta en escena presentada en La Scala ideada por Kasper Holten, pese a su elegancia formal, no consiguió lamentablemente transmitir la sensación de horror y miedo que caracteriza la obra de Britten que además sigue con gran fidelidad – gracias al excelente libreto de Myfanwy Piper  – la originaria novela de Henry James. El director de escena danés insinúa continuamente que lo que ocurre es toda una proyección de la institutriz. Bajo esta óptica se adscribe la escena de ella en la cama entre los fantasmas de Quint y Jessel que insinúan la “perdida de la ceremonia inocencia” centro dramático de la obra. Igualmente, este aspecto se intuye en los momentos en que la protagonista se hace abrazar por los espectros (Jessel lleva además su mismo traje como se conviene a un doble) y el final de la obra donde el pequeño Milnes muere manchado de sangre dejando sospechar que haya sido asesinado por la misma institutriz. Todas estas reinterpretaciones del texto parecieron demasiado forzadas y cerebrales dejando de lado el aspecto inquietante de la obra y el misterio que tendría de suscitar la presencia de los dos espectros. Poco eficaz fue igualmente la escenografía firmada por Steffen Aarfing basada en marcos escénicos que se abrían y cerraban por medio de paneles negros y que revelan una sala central con un piano, una sección baja y al lado tres secciones puestas en vertical donde los personajes aparecían sin poderse comunicar entre ellos. La belleza formal del conjunto fue poco impactante trasmitiendo una sensación más de frialdad que de angustia.

Mucho mejor fue la sección musical de la nueva producción de la Scala. Christoph Eschenbach consiguió una interpretación modélica de la obra gracias a una actuación perfecta de los doce instrumentos en el foso, gracias a sonoridades precisas e impactantes en cada momento, sobre todo en lo quince intermedios musicales que preceden de cada una de las 15 variaciones. La grande dimensión del coliseo no representó por otra parte un problema para que el impacto musical y teatral de esta obra maestra del siglo Veinte fuera totalmente eficaz.

Igualmente, ejemplar resultó el trabajo de los intérpretes. Miah Persson (Institutriz) y Jennifer Johnston (Mrs Grose) que exhibieron voces seguras y gran capacidad escénica, mientras los jovencísimos Sebastian Exall y Louise Moseley (Milles e Flora) superaron con gran habilidad y seguridad las dificultades de sus personajes que tienen que pasar con absoluta soltura de la alegría aparente a las más turbias insinuaciones. Allison Cook (Miss Jessel) dio vida con éxito a su personaje (fantasmal representación del deseo carnal), mientras Ian Bostridge consiguió transmitir una obscura y angustiosa aura de misterio gracias a su notoria, fascinante y especial voz con una presencia escénica muy impactante; el personaje de Peter Quint parece hecho a su medida.

Excelente éxito final de la velada con un teatro, no del todo lleno, pero con un público muy atento y concentrado.

Gian Giacomo Stiffoni