Audioclasica

15-X-2016 Cavalli, ese desconocido

Crédito: Agathe Poupeney

PARÍS. TEMPORADA OPERA. PALAIS GARNIER FRANCO FAGIOLI, PAUL GROVES, NADINE SIERRA, VALER SABADUS, ELIN ROMBO. CORO DE CÁMARA DE NAMUR Y ORQUESTA CAPPELLA MEDITERRANEA. THOMAS JOLLY: dirección escénica. LEONARDO GARCÍA ALARCÓN: director musical Cavalli: Eliogabalo Aforo:1.900. Asistencia: 100% Después de La Monnaie hace unos años le tocó ahora a la Opéra recuperar el título operístico más desconocido (y hay unos cuantos) de Cavalli. El resultado general fue bueno, pero más desparejo que entonces. Por empezar, esta vez resultó algo larga y repetitiva, tal vez porque el trabajo sobre la partitura –que es mucho y muy creativo- de Leonardo García Alarcón…

Crédito: Agathe Poupeney

Crédito: Agathe Poupeney

PARÍS. TEMPORADA OPERA. PALAIS GARNIER

FRANCO FAGIOLI, PAUL GROVES, NADINE SIERRA, VALER SABADUS, ELIN ROMBO. CORO DE CÁMARA DE NAMUR Y ORQUESTA CAPPELLA MEDITERRANEA. THOMAS JOLLY: dirección escénica. LEONARDO GARCÍA ALARCÓN: director musical

Cavalli: Eliogabalo

Aforo:1.900. Asistencia: 100%

Después de La Monnaie hace unos años le tocó ahora a la Opéra recuperar el título operístico más desconocido (y hay unos cuantos) de Cavalli. El resultado general fue bueno, pero más desparejo que entonces. Por empezar, esta vez resultó algo larga y repetitiva, tal vez porque el trabajo sobre la partitura –que es mucho y muy creativo- de Leonardo García Alarcón (al frente de la orquesta Cappella Mediterranea) con ser buena resultó demasiado enfática, casi pomposa en más de una ocasión, al menos con respecto a la lectura de Jacobs en Bruselas. También la puesta en escena de Thomas Jolly (asistido por por Alexandre Dahn) resultó en exceso minimalista, con pocas ideas y no siempre acertadas (pareció un quiero y no puedo al explicar las costumbres licenciosas del protagonista), y con vestidos a veces muy exagerados (Gareth Pugh). Fue encomiable la labor del Coro de Cámara de Namur (preparado por Thibaut Lenaerts) y en la larga lista de cantantes unos estuvieron más apropiados que otros, a veces con diferencia. Extraordinaria la prestación de Franco Fagioli en el protagonista en todos los aspectos (y un punto en el que se superó a la versión antes mencionada) y casi lo mismo se puede decir de su antagonista Alessandro (un Paul Groves que al parecer busca nuevos repertorios y aquí ha encontrado un papel ideal). Entusiasta pero estilísticamente desenfocada, con una actuación más digna de soubrette y un agudo que sólo empezó a responder en el segundo acto (donde nos propinó un ejemplo de belcanto donizettiano con una corona interminable al final de su escena principal)Nadine Sierra en Gemmira (la prometida de Alessandro y deseada por el emperador). Mucho más estable, sobria y finalmente adecuada la Eritea de Elin Rombo (un papel difícil, la noble deshonrada por Eliogabalo que busca reparación en un matrimonio que no desea o en el asesinato). Correcto en los momentos más íntimos, pero con poco volumen, notas fijas y emisión forzada en los de actuación resuelta Valer Sabadus en su enamorado Giuliano, a las órdenes del tirano. Muy en carácter y en un papel adecuado a su voz (Lenia, la celestina del príncipe) Emiliano González Toro. Vocalmente pobre el otro cortesano adulador, Zotico, confiado a Matthew Newlin. En los dobles papeles de Nerbulone (el criado cómico) y Tiferne (el gladiador) lució su voz y figura el bajo Scott Conner. Correcta, pero sin entusiasmar, la Atilia (enamorada sin esperanza de Alessandro) de Mariana Flores. En la última función el teatro estaba totalmente lleno y las ovaciones parecían saludar a divos del barroco de la época.

Jorge Binaghi