Audioclasica

20.X.2016 El sueño del poder produce monstruos

Crédito: © A. Bofill
Un momento de la representación

BARCELONA Temporada 2016/17. Gran Teatre del Liceu TÉZIER, SERAFIN, KOWALJOW, PIRGU. ORQUESTRA SIMFÒNICA I COR DEL GRAN TEATRE DEL LICEU. GIAMPAOLO BISANTI, director musical. CHRISTOF LOY, dirección de escena. JONAS DAHLBERG, escenografía. URSULA RENZENBRINK, vestuario. Giuseppe Verdi: Macbeth Aforo: 2286 Asistencia: 90%   En la antepenúltima función del primer título de la stagione liceísta, Macbeth venía a cerrar la “conexión Shakespeare” que, en este año de conmemoraciones, ha establecido el teatro de ópera barcelonés, ofreciendo, en su revisión parisina estrenada en 1865, uno de los títulos más celebrados del Verdi juvenil en producción del Grand Théâtre de Ginebra. Christof Loy…

Crédito: © A. Bofill Un momento de la representación

Crédito: © A. Bofill
Un momento de la representación

BARCELONA

Temporada 2016/17. Gran Teatre del Liceu

TÉZIER, SERAFIN, KOWALJOW, PIRGU. ORQUESTRA SIMFÒNICA I COR DEL GRAN TEATRE DEL LICEU. GIAMPAOLO BISANTI, director musical. CHRISTOF LOY, dirección de escena. JONAS DAHLBERG, escenografía. URSULA RENZENBRINK, vestuario.

Giuseppe Verdi: Macbeth

Aforo: 2286 Asistencia: 90%

 

En la antepenúltima función del primer título de la stagione liceísta, Macbeth venía a cerrar la “conexión Shakespeare” que, en este año de conmemoraciones, ha establecido el teatro de ópera barcelonés, ofreciendo, en su revisión parisina estrenada en 1865, uno de los títulos más celebrados del Verdi juvenil en producción del Grand Théâtre de Ginebra.

Christof Loy mueve a los títeres de ambiciones y pasiones del Gran Bardo inglés sobre el escenario único de una amplia estancia palaciega de rasgos neogóticos, de ambiente más opresivo por sus proporciones inhumanas que por lo sombrío de la ambientación, debidamente ampliada por la escalera de honor trasera que desahoga la escena al tiempo que revela la posición dominadora de Lady Macbeth en el inicio de la ópera; es un detalle más de la correcta comprensión de Loy del drama verdiano, trasladado a nuestro tiempo en la presentación de la estirpe de Banquo en el acto tercero como si de un museo de cera se tratarse o en la “rima escénica” que descubre el paralelismo entre el sanguinario ascenso al poder de Macbeth y la entronización final de Malcolm, víctima probable de idénticas obsesiones.

Todo ello viene servido en una puesta en escena pretendidamente atemporal, pero con claro sabor eduardiano, que se apoya en un vestuario neutro y de cromatismo adusto y permite el movimiento escénico del coro sin estridencias y con detalles paródicos bienvenidos: así, la visión de las brujas como furias “zombificadas” (actos I y III), el coro de risibles sicarios del acto segundo o el bailable de espíritus etéreos del tercer acto, una solución divertida para un momento que no deja, a estas alturas de la historia, de poder caer en la cursilería…

Estuvo a la altura un reparto encabezado por Ludovic Tézier y Martina Serafin como pareja protagonista; aquel reflejó con solvencia el carácter dubitativo de su personaje, en especial a partir del acto segundo, con apuros esporádicos en los agudos de paso iniciales y momentos de singular belleza expresiva (“Pietà, rispetto, amore”), la Serafin hizo gala de un timbre homogéneo, tan ajustado en las agilidades (cabaletta “Or tutti, sorgete”) como matizado en su aria inicial del segundo acto y de amplio dominio escénico en su celebrada escena del sonambulismo del acto cuarto. No fue a la zaga de estas prestaciones la del Banco de Vitalij Kowaljow, sentido y poderoso en el adagio del acto segundo (“Come dal ciel precipita”), en tanto Saimir Pirgu (Macduff) anduvo por debajo de las expectativas en un papel, eso sí, sin apenas posibilidad de lucimiento.

Merece reconocimiento la labor de Giampaolo Bisanti, sanguíneo y robusto en el aspecto rítmico, de rubati y acentos bien controlados y que, al frente de una orquesta entonada –¡bravo por los metales!–, brindó un sonido suntuoso en el finale primo y un más que aceptable preludio del acto cuarto; el público, algo frío al inicio de la función en el aplauso de las intervenciones solistas, acabó rindiendo tributo a una labor conjunta cuya mención debe cerrarse con el justo aprecio de la labor del coro, ovacionado en la interpretación a telón bajado de “Patria oppressa” y que supo aprovechar con creces su destacado protagonismo a lo largo de toda la ópera.

Germán Gan Quesada