Audioclasica

03.XI.2016 Dos compositores, dos sonoridades

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Gustavo Gimeno con Haoxing Liang, concertino de la Orchestre Philharmonique de Luxembourg.  Crédito: Anne Dokter VALENCIA Temporada otoño 2016. Palau de la Música. Sala Iturbi (Abono 5) PATRICIA KOPATCHINSKAJA, violín. ORCHESTRE PHILHARMONIQUE DU LUXEMBOUG. GUSTAVO GIMENO, director. Robert Schumann: Concierto para violín y orquesta en re menor, WoO 23. Anton Brukner: Sinfonía nº 7 en mi mayor, wab 107 (Edición Novak) Aforo: 1781 Asistencia: 95% Hace justo dos años que Gustavo Gimeno debutó al frente de la OCV con la Cuarta y Sexta sinfonías de Beethoven. El año pasado volvió a dirigirla en Norma y se encargó de uno de…

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Gustavo Gimeno con Haoxing Liang, concertino de la Orchestre Philharmonique de Luxembourg.  Crédito: Anne Dokter

VALENCIA

Temporada otoño 2016. Palau de la Música. Sala Iturbi (Abono 5)

PATRICIA KOPATCHINSKAJA, violín. ORCHESTRE PHILHARMONIQUE DU LUXEMBOUG. GUSTAVO GIMENO, director.

Robert Schumann: Concierto para violín y orquesta en re menor, WoO 23. Anton Brukner: Sinfonía nº 7 en mi mayor, wab 107 (Edición Novak)

Aforo: 1781 Asistencia: 95%

Hace justo dos años que Gustavo Gimeno debutó al frente de la OCV con la Cuarta y Sexta sinfonías de Beethoven. El año pasado volvió a dirigirla en Norma y se encargó de uno de los conciertos de abono de la Orquesta de Valencia. Esta vez venía con la Filarmónica de Luxemburgo de la cual es titular, dentro de una gira que les ha llevado a Madrid, Zaragoza y Alicante. En los atriles han alternando Schumann y Bruckner con Músorgski, Chaikovski y Stravinski.

“Schumann me gusta, pero es que en esta obra da muchas vueltas”, decía un señor sentado una butaca detrás de la mía. No iba desencaminado, ya que el compositor entra en un bucle del que le cuesta salir. Y es que el estilo del último Schumann es un punto de discordia incluso entre especialistas. Sin embargo, el compositor sale del atolladero para llegar al animoso tercer movimiento, como sale Kopatchinskaja, con una taciturna y quejosa expresividad y mucho interés por decir bien su parte. Gimeno le ayudó sirviéndole una sonoridad hosca, sórdida en algún momento, muy apropiada para combinar con el timbre del violín Giovanni Francesco Pressenda de 1834. Sabido es que la violinista aboga por ampliar el repertorio de su instrumento con piezas de reciente creación, por lo cual no debería extrañar, como en algunos de los presentes parece que extrañó, que ofreciera como bis Hyperludes del valenciano Francisco Coll en una intensa versión. En esa misma línea la moldava estrenó en junio Red Inner Light Sculpture para violín solo, cuerdas y bailaor de Mauricio Sotelo en Nueva York.

La sonoridad de la orquesta en la segunda parte no tuvo nada que ver con la de la primera. El gesto amplio, sereno y redondo del director contribuyó a reforzar un sonido grande y sin aristas, el que proporciona mayormente una cuerda sonora y corpórea. En los momentos de tímbrica wagneriana de la sinfonía fallaron precisamente sus elementos característicos: trompas fuera de conjunto y tubas wagnerianas que rascaron en cada una de sus intervenciones. No es un instrumento fácil. Se utiliza poco y suele estar desentonado. Gimeno manejó a placer a los violines primeros, a los que moldeó con su mano izquierda. Hizo caminar el “Allegro moderato” y mostró su entramado constructivo con claridad. Ante unas trompetas perezosas tuvo que tirar de ellas para que culminasen el movimiento. Con todo la versión resultó de empaque y de muy bonito color.

El esfuerzo de orquesta y director fue reconocido con una larga ovación. Tal vez como muestra de cariño hacia Gimeno, de un público en el que contamos varios profesores de la OV (lo cual no es muy habitual). También reconocimos a la madre del director y a su hermano, titular de la Orquesta del Vallés, en un gesto emotivo. En alguno de los corrillos durante el descanso no faltaron los inevitables comentarios sobre si su fulgurante carrera le permitirá entrar en las quinielas a la sucesión de Yaron Traub.

DANIEL MARTÍNEZ BABILONI