Audioclasica

10/12-XI-2016 Bodas de circunstancias

Crédito: © Antoni Bofill
Un momento de la representación en el Gran Teatre del Liceu

BARCELONA. Gran Teatre del Liceu Gyula Orendt (Conde de Almaviva); Anett Fritsch (Condesa de Almaviva); Mojca Erdmann / Elena Copons (Susanna); Kyle Ketelsen (Figaro); Anna Bonitatibus / Gemma Coma-Alabert (Cherubino); Maria Riccarda Wesseling (Marcellina); Valeriano Lanchas (Bartolo); José Manuel Zapata (Basilio); Vicenç Esteve Madrid (Don Curzio); Rocío Martínez (Barbarina); Roberto Accurso (Antonio). Dirección de escena de Lluís Pasqual. Director repositor: Leo Castaldi. Coreografía: Montse Colomé. Escenografía de Paco Azorín. Vestuario de Franca Squarciapino. Iluminación de Albert Faura. Orquesta Sinfónica y Coro del Gran Teatre del Liceu. Director del Coro: José Luis Basso. director, josep pons W. A. Mozart: Le Nozze…

Crédito: © Antoni Bofill Un momento de la representación en el Gran Teatre del Liceu

Crédito: © Antoni Bofill
Un momento de la representación en el Gran Teatre del Liceu

BARCELONA. Gran Teatre del Liceu

Gyula Orendt (Conde de Almaviva); Anett Fritsch (Condesa de Almaviva); Mojca Erdmann / Elena Copons (Susanna); Kyle Ketelsen (Figaro); Anna Bonitatibus / Gemma Coma-Alabert (Cherubino); Maria Riccarda Wesseling (Marcellina); Valeriano Lanchas (Bartolo); José Manuel Zapata (Basilio); Vicenç Esteve Madrid (Don Curzio); Rocío Martínez (Barbarina); Roberto Accurso (Antonio). Dirección de escena de Lluís Pasqual. Director repositor: Leo Castaldi. Coreografía: Montse Colomé. Escenografía de Paco Azorín. Vestuario de Franca Squarciapino. Iluminación de Albert Faura. Orquesta Sinfónica y Coro del Gran Teatre del Liceu. Director del Coro: José Luis Basso. director, josep pons

W. A. Mozart: Le Nozze di Figaro, commedia per musica en cuatro actos. Libreto de Lorenzo da Ponte basado en la obra Le mariage de Figaro o La folle journée de Pierre Agustin Caron de Beaumarchais.

Aforo: 2.292 Asistencia: 99%

Unas Bodas mozartianas no deberían nunca ser de circunstancias, y así se antojan las que el Liceu ha venido en proponernos en estos días. Y la razón principal no es la que el avispado lector podría sospechar a botepronto, a saber, que la puesta en escena sea de nuevo aquella que Lluís Pasqual firmara en 2008 y que se repusiera ya en 2012. El montaje no ha envejecido de manera decisiva y, ni entonces ni ahora, compromete un ápice la fruición de la música de Mozart y del libreto de Da Ponte; y cierto es que la escenografía de Paco Azorín peca por momentos de estática, lo que se acentúa por la escasa teatralidad de varios de los protagonistas –tara, por cierto, por común, no menos censurable–, pero el conjunto respira una claridad digna de agradecer.

Pero que las Bodas comparezcan sobre un escenario como el de la Rambla cada cuatro años –si se tiene en cuenta el menguado número de óperas que integran la temporada–, no es obligado y, si ocurre, debería ser por aportar alguna novedad significativa. Sorprende, por ejemplo, que se vuelva a recurrir a Kyle Ketelsen como Fígaro, cuando el bajo-barítono estadounidense no pasa de ser un intérprete vocalmente correcto del papel. O que se confíe el rol del conde a un Gyula Orendt de muy discretos recursos. O que para Susanna se alternen Mojca Erdmann y Elena Copons, sin que ni la una ni la otra expriman la gracia inherente a la sirvienta de Beaumarchais. O, por fin, que las dos cantantes que abordan alternativamente el Cherubino no satisfagan las notables expectativas depositadas –al menos, por quien esto escribe– en ellas. De Anna Bonitatibus recordaremos, sí, las interesantes variaciones con que ornó su Voi che sapete, pero poco más; a Gemma Coma-Alabert le hemos escuchado muchas partes más inspiradas en los últimos años. Los coprimarios, por su parte, no se salieron de la opaca corrección general.

Y tampoco la lectura musical de Josep Pons iba a emprender un vuelo muy alto. Lo presagió un preludio sin brillo, pero más vivaz que el resto de la interpretación, siempre de tempi pesados. En el haber del director hay que apuntar, sin embargo, un mérito muy notable: su respeto continuo e inteligente por unas voces de limitado volumen y proyección que, de otro modo, nos hubieran hecho sufrir más de lo aconsejable.

Lo peor que le puede suceder a uno cuando asiste a unas bodas es que se aburra. Aunque sean unas bodas de circunstancias.

Javier Velaza