Audioclasica

23-XII-2016 Madama Butterly como debe ser

Crédito: ©Brescia/Amisano 
Teatro alla Scala. María José Siri en el segundo acto Madama Buttefly

MILÁN Temporada de ópera 2016/2017. Teatro alla Scala MARÍA JOSÉ SIRI, BRYAN HYMEL, CARLOS AVLAVERZ, ANNALISA STROPPA, CARLO BOSI, ABRAMO ROSALEN, LEONARDO GALEAZZI, NICOLE BRANDOLINO. ORCHESTA Y CORO DEL TEATRO ALLA SCALA. ALVIS HERMAINS, Dirección de escena. RICCARDO CHAILLY, Dirección Musical Puccini: Madama Butterfly Aforo: 2.222 Asistencia: 99% El estreno el 17 de febrero de 1904 de Madama Butterfly en La Scala fue el fracaso más contundente en toda la carrera de Puccini. A causa de lo ocurrido el compositor marcó una distancia con el teatro milanés realizando varios cambios en la partitura que desde 1906 empezó un camino marcado…

Crédito: ©Brescia/Amisano Teatro alla Scala. María José Siri en el segundo acto Madama Buttefly

Crédito: ©Brescia/Amisano
Teatro alla Scala. María José Siri en el segundo acto Madama Buttefly

MILÁN

Temporada de ópera 2016/2017. Teatro alla Scala

MARÍA JOSÉ SIRI, BRYAN HYMEL, CARLOS AVLAVERZ, ANNALISA STROPPA, CARLO BOSI, ABRAMO ROSALEN, LEONARDO GALEAZZI, NICOLE BRANDOLINO. ORCHESTA Y CORO DEL TEATRO ALLA SCALA. ALVIS HERMAINS, Dirección de escena. RICCARDO CHAILLY, Dirección Musical

Puccini: Madama Butterfly

Aforo: 2.222 Asistencia: 99%

El estreno el 17 de febrero de 1904 de Madama Butterfly en La Scala fue el fracaso más contundente en toda la carrera de Puccini. A causa de lo ocurrido el compositor marcó una distancia con el teatro milanés realizando varios cambios en la partitura que desde 1906 empezó un camino marcado sólo por éxitos contundentes. Sin embargo, Puccini pensó siempre que la primera versión era la única que verdaderamente reflejaba sus novedosas intenciones dramatúrgicas. Ha tenido que pasar más de un siglo para que se curaran las heridas con Madama Butterfly. La sanación ha sido celebrada recuperando la fracasada versión original en una nueva producción que inauguró nueva la temporada de ópera del teatro milanés. No solo, Madama Butterfly es la tercera ópera de Puccini (después de Turandot y Fanciulla del West en las temporadas anteriores) que el director musical Riccardo Chailly presenta en su versión original en un proyecto que comprenderá todos los títulos del compositor de Lucca, convirtiendo de este modo la Scala en un punto de referencia de una verdadera Puccini renaissance.

En la versión original de Madama Butterfly resalta aún más el intento del compositor de realizar una forma de teatralidad diferente a la que había utilizado en las dos óperas antecedentes (Bohéme y Tosca): ya no más rapidez y concentración, sino extenuación y agotamiento. En otras palabras, ya no más el modelo verdiano sino el wagneriano. La idea poética de la “espera” y de un tiempo que parce parado (a veces hasta reiterado) se hace aún más evidente en la versión de 1904 evidenciando su afinidad dramatúrgica con el modelo del Tristan e Isolde (citado en inicio del segundo acto) que en términos más estrictamente musicales, significa la utilización masiva y muy sutil de motivos conductores. Pero muy lejos de querer ‘rehacer’ Wagner, el Puccini de Madama Butterfly nos propone temas wagnerianos como el “eros” y la “espera”, pero en una versión que podríamos definir ‘cínica’, situándolos en un contexto de comedia, en algunos momentos incluso grotesca y que la versión del 1904 hace todavía más patentes: parientes japoneses que chismorrean y gritan, casamenteros que ríen con sorna (esencial la recuperación del episodio ligero del borrachín Yakusidé), bodas celebradas de forma rápida y sencilla y la presencia de dos pesados Comisarios Imperiales.

El argumento patético, y en muchos aspectos escuálido, centrado en el amor entre la pequeña geisha y el oficial americano Pinkerton adquiere de esta forma rasgos realmente lacerantes. Igualmente, la dialéctica entre “dentro” y “fuera” adquiere en la versión original un valor esencial, representado por una casa con paredes móviles que se abren y cierran hacia un exterior que es siempre más opresivo y angustioso. Puccini subraya de esta forma con gran habilidad el contraste entre la belleza del entramando musical y la encarnación de un juego sutil y cruel. Por este motivo la puesta en escena es esencial para que la obra tenga el éxito esperado. Por suerte esto ha ocurrido en la nueva producción pensada para la Scala por Alvis Hermanis. El director de escena letón adopta la estética japonesa sin caer en el mero exotismo sino enseñándolo desde una prospectiva occidentalizada. El uso del kabuki resulta una representación meramente estética, sino que aporta dinamismo mientras que la arquitectura tradicional japonesa subraya continuamente el ambiente claustrofóbico de la ópera. La dirección dramática resultó ser modélica en todo momento, sobre todo en la gestualidad de la protagonista, desarrollado muy claramente el drama interior que vive Cio-Cio-San.

Riccardo Chailly encontró con su dirección el tono ideal para esta versión. Su versión consiguió subrayar la ascendencia wagneriana de la partitura (con un inteligente manejo de los motivos conductores de la ópera) sin dejar de ser extremadamente pucciniana en la forma de gestionar el equilibrio de los planos sonoros y el desarrollo del lado melódico. Cada fragmento recuperado y línea vocal e instrumental ahora recuperado introducían contraste y cohesión al conjunto.

El reparto escogido para este importante estreno se situó a un buen nivel. La soprano uruguaya María José Siri triunfó. Su encarnación de la protagonista japonesa alcanzó una interesante intensidad psicológica aún si llegar a realizar por completo el desarrollo dramático que vive la protagonista. La voz no muy grande y cierta falta de tonos dramáticos no estuvieron de su parte, sin embargo fue capaz de manejar con suma inteligencia y equilibrio sus recursos. Bryan Hymel fue un buen tenor lírico, pero con muy pocos matices para hacer un Pinkerton totalmente convincente; no obstante, realizó con solvencia el primer acto. La italiana Annalisa Stroppa fue una excelente Suzuki y el español Carlos Álvarez consiguió en todo momento una interpretación modélica de Sharpless. Excelente el resto del reparto (hecho fundamental para el éxito de una ópera como Madama Butterfly) destacando la Kate Pinkerton de Nicole Brandolino – que dispone en esta versión de 1904 de una intensa escena al final con Cio-Cio-San – y Carlo Bosi como Goro. La velada escalígera contó con un teatro agotado y un éxito final contundente, sobre todo para Riccardo Chailly.

Gian Giacomo Stiffoni