Audioclasica

04-02-2017 Una ocasión perdida

Crédito: ©Brescia/Amisano
La escena final del tercer acto de Don Carlo

MILÁN Temporada de ópera 2016/2017. Teatro alla Scala Francesco MELI, FERRUCCIO FURLANETTO, KRASSIMIRA STOYANOVA, SIMONE PIAZZOLA, EKATERINA SEMENCHUK, ERIC HALFVARSON, MARTIN SUMMER, THERESA ZISSER. ORCHESTA Y CORO DEL TEATRO ALLA SCALA. PETER STEIN, Dirección de escena. MYUNG-WHUN CHUNG, Dirección Musical Verdi: Don Carlos Aforo: 2.222 Asistencia: 99% El Don Carlos – estrenado por primera vez en París en 1867 (cinco actos en francés) – no ha llegado nunca a ser una ópera popular como otras de Verdi. Los motivos son a las objetivas dificultades ligadas a su duración, cinco horas, y a los enormes costes de producción que exige, como la necesidad de seis…

Crédito: ©Brescia/Amisano La escena final del tercer acto de Don Carlo

Crédito: ©Brescia/Amisano
La escena final del tercer acto de Don Carlo

MILÁN

Temporada de ópera 2016/2017. Teatro alla Scala

Francesco MELI, FERRUCCIO FURLANETTO, KRASSIMIRA STOYANOVA, SIMONE PIAZZOLA, EKATERINA SEMENCHUK, ERIC HALFVARSON, MARTIN SUMMER, THERESA ZISSER. ORCHESTA Y CORO DEL TEATRO ALLA SCALA. PETER STEIN, Dirección de escena. MYUNG-WHUN CHUNG, Dirección Musical

Verdi: Don Carlos

Aforo: 2.222 Asistencia: 99%

El Don Carlos – estrenado por primera vez en París en 1867 (cinco actos en francés) – no ha llegado nunca a ser una ópera popular como otras de Verdi. Los motivos son a las objetivas dificultades ligadas a su duración, cinco horas, y a los enormes costes de producción que exige, como la necesidad de seis cantantes de primera fila. No menos importantes son los conocidos problemas dramatúrgicos que presenta la partitura. Pese a ser sin duda una de las obras clave del compositor y una cumbre en la evolución de su lenguaje musical y de su dramaturgia, la ópera no está exenta de desequilibrios, sobre todo en la distribución de las escenas y en la forma en que las estructuras formales se suceden a lo largo de la obra. Hecho del que era consciente el propio Verdi que se vio forzado a realizar cinco versiones en casi veinte años. Entre ellas la que sin duda refleja mejor las ideas de concisión y validez dramática típicas del compositor (aunque con problemas todavía evidentes), es la de 1884 en cuatro actos, estrenada en la Scala en traducción italiana con el título de Don Carlo y que ha sido vista recientemente en el coliseo milanés en 1994, bajo la impactante dirección de Riccardo Muti y en 2013 con la batuta, bastante más anodina de Fabio Luisi. La ausencia del primer acto, presente en la versión original, algunos ajustes de escenas clave y la eliminación del ballet, proporcionaron a la obra una eficacia dramática más firme, manteniendo asimismo toda su novedosa escritura musical.

Habría sido de agradecer pues que la Scala en la temporada de este año retomara finalmente también la versión original francesa en cinco actos – en lengua francesa –; versión que nunca se ha representado en este teatro. Por lo contrario el director Pereira, con la complicidad de Myung-Whun Chung, han optado por retomar la producción de Salzburgo de 2013 escogiendo, no la versión italiana de 1886 (que retomaba partes de versión original y los añadidos de la de 1884), sino la de 1867 pero traducida al italiano. Una ocasión perdida para poder presenciar al Don Carlos francés, así como lo pensó Verdi para su primer estreno, todavía más sabiendo el poder tener en la dirección de Chung sin duda una de las mejores batutas verdianas en la época actual. La interpretación del director coreano fue impactante y muy acertada en la elección de los tiempos dramáticos, así como consiguió evidenciar en todo momento la sutileza tímbrica y la elegancia de fraseo que dominan ciertos momentos de la partitura. Menos lograda fue por el contario la puesta en escena de Peter Stein, una de las más insustanciales de la trayectoria artística del director alemán. Pobre a nivel escénico (con escenas esenciales, pero vacías de Ferdinand Wögerbauer), con trajes renacentistas muy logrados de Anna Maria Heinreich, resultó ser bastante aburrida, presentando además una iluminación absolutamente plana (a cargo de Joachim Barth) y fuertes incongruencias entre la letra del libreto y de la partitura y la actuación de los intérpretes.

Los problemas de la puesta en escena terminaron por contagiar también a los cantantes, todos de buena calidad, pero despojados de la posibilidad de lucir plenamente sus capacidades. Entre ellos los mejores fueron sin duda el veterano bajo Ferruccio Furlanetto, como Felipe II, y de Francesco Meli (Don Carlo), hoy en día el tenor de referencia para el repertorio verdiano. El joven barítono Simone Piazzola, interprete del Marqués de Posa fue eficaz, aunque careció en ciertos momentos de la necesaria intensidad expresiva. Menos logradas las voces femeninas con la Éboli de Ekaterina Semencuck poco incisiva y con problema en la sección grave y a la Elisabeth de Krassimira Stoyanova, algo frágil en la emisión vocal y bastante pobre de matices interpretativos. Suficiente, pero con problemas debidos al desgaste vocal el Gran Inquisidor de Eric Halfvarson. Pese a los problemas indicados, al final de la velada hubo igualmente aplausos convencidos para todos los interpretes con puntas de agradecimiento para Ferruccio Furlanetto, Francesco Meli y Myung-Whun Chung.

Gian Giacomo Stiffoni