Audioclasica

11-II-2017 ¡Ah, Florez!

JUAN DIEGO FLÓREZ

VALENCIA  Invierno 2017. Concierto extraordinario. Palau de la Música. Sala Iturbi VINCENZO SCALERA, piano. JUAN DIEGO FLOREZ, tenor. Obras de Rossini, Mozart, Leoncavallo, Puccini, Massenet y Verdi. Aforo: 1.817 Asistencia: 100 % Juan Diego Florez se presentó por primera vez en el Palau de la Música de Valencia en un concierto extraordinario. Tan extraordinario como el precio de las entradas que aun así se agotaron. Desconozco si se recurrió al patrocinio de empresas privadas como en otras ocasiones o si el debut estaba incluido en los actos programados con motivo del treinta aniversario del auditorio. El público lo esperaba y…

Juan Diego Florez y Vincenzo Scalera en el Palau de la Música de Valencia. Créditos: Eva Ripoll

VALENCIA

 Invierno 2017. Concierto extraordinario. Palau de la Música. Sala Iturbi

VINCENZO SCALERA, piano. JUAN DIEGO FLOREZ, tenor.

Obras de Rossini, Mozart, Leoncavallo, Puccini, Massenet y Verdi.

Aforo: 1.817 Asistencia: 100 %

Juan Diego Florez se presentó por primera vez en el Palau de la Música de Valencia en un concierto extraordinario. Tan extraordinario como el precio de las entradas que aun así se agotaron. Desconozco si se recurrió al patrocinio de empresas privadas como en otras ocasiones o si el debut estaba incluido en los actos programados con motivo del treinta aniversario del auditorio. El público lo esperaba y desde su aparición en escena se rindió a él. El tenor se mostró cercano, distendido e incluso campechano y no dudó en atender a los comentarios que desde las butacas le llegaban. Ya fuera para  piropearlo, “Eres el mejor” –le dijo un señor–, o para pedirle títulos y el consabido “Ah, mes amis” de La fille du Regiment, como así ocurrió finalmente, con una confianza inusitada.

El programa tuvo dos partes oficiales y una oficiosa. La primera de ellas contenía páginas belcantistas de Rossini y Mozart. En ellas el peruano lució la pulida y virtuosa ornamentación que le hace famoso, para acercar a ambos autores tanto como hace tiempo señaló Philip Gosset. El musicólogo habló del Rossini de las primeras décadas del siglo XIX como de un compositor esencialmente clásico. Y tal cual lo dijo Florez en el final de “Addio ai Viennesi”, con su puntito de ironía y muy bien preparado: “questo è Rossini”. Así, las arias “Ich baue auf deine Stärke” de Die Entführung aus dem Serail y “Vado incontro” de Mitridate se vieron reflejadas en “Ah, dov’è il cimento” de Semiramide. La arieta “La lontanaza”, uno de los Pecados de vejez del de Pésaro, abrió el concierto y una primera sección que pese a los fuegos de artificio se le antojó seria a un oyente sentado detrás de mí.

Alguna vez he leído opiniones en torno a que el tenor aborda diferentes repertorios con el mismo estilo. Aunque es cierto que el disco Italia (Decca, 2015) me pareció monótono y las canciones napolitanas demasiado pesadas, no percibí así el concierto. En su segunda parte el peruano derrochó expresión en las romanticonas Aprile y Mattinata de Leoncavallo. Dicho sea de paso, que esta última es una canción compuesta exprofeso para que Caruso la grabase con la Gramophone Company, lo cual le abrió al compositor las puertas del mercado estadounidense. A continuación, en un calculado orden, según esfuerzo necesario y efecto a producir, aparecieron páginas de Puccini, Massenet y un espléndido Verdi. En todas ellas el solista mostró gusto en el fraseo y prolongado fiato. Destacaría  “Che gélida manina” por como movió la música y por su sentido introspectivo y “Porquoi me révellier” por los acertados matices tímbricos desde un sonido oscuro y exquisito pianissimo.

El suplemento, vino de la mano del Florez que se presentó en la “Última noche” del pasado Proms vestido del líder inca Manco Capac para cantar Rule, Britannia, en un tono entre divertido y burlón, dirigido por Sakari Oramo. En medio del delirio, una señora, desde el coro, le pidió La flor de la canela, la cual llegó en segundo lugar con primoroso resultado. Le precedió Cucurrucucú Paloma y le sucedió la canción criolla de Chabuca Granda, José Antonio, con exhibición de aguante en la respiración. En todas ellas cambió el piano por su propia guitarra. No en balde, en un programa de Andreu Buenafuente, el tenor declaró sus veleidades juveniles como cantautor y rockero antes de encandilar a propios y extraños. Finalmente, acompañado de nuevo por Vincenzo Scalera, emitió de forma impecable los nueve do de pecho de “Ah, mes amis, quel jour de fête!” de Donizetti. Y entonces sí, el público, satisfecho, comenzó a abandonar la sala.

DANIEL MARTÍNEZ BABILONI