Audioclasica

26-III-2017 Lo que necesita Giordano

Crédito: (c) Vincent Pontet

PARÍS TEMPORADA OPERA. THÉATRE  DES CHAMPS-ELYSÉES JONAS KAUFMANN, ANJA HARTEROS, LUCA SALSI, DORIS SOFFEL, J’NAI BRIDGES, ELENA ZILIO. CORO Y ORQUESTA DE LA OPERA DEL ESTADO DE BAVIERA. Versión de concierto. OMAR MEIR WELLBER: director musical Giordano: Andrea Chénier Aforo: 2500. Asistencia: 100% Hay mucha gente que frunce el ceño o la nariz cuando se habla de verismo en general, y de Giordano en particular. Que no es un número uno, claro. Que no es el último, también. Y que tenía un buen olfato teatral aunque la música a veces no siguiera, más. Pero, claro, no es un autor al…

Crédito: (c) Vincent Pontet

Crédito: (c) Vincent Pontet

PARÍS

TEMPORADA OPERA. THÉATRE  DES CHAMPS-ELYSÉES

JONAS KAUFMANN, ANJA HARTEROS, LUCA SALSI, DORIS SOFFEL, J’NAI BRIDGES, ELENA ZILIO. CORO Y ORQUESTA DE LA OPERA DEL ESTADO DE BAVIERA. Versión de concierto. OMAR MEIR WELLBER: director musical

Giordano: Andrea Chénier

Aforo: 2500. Asistencia: 100%

Hay mucha gente que frunce el ceño o la nariz cuando se habla de verismo en general, y de Giordano en particular. Que no es un número uno, claro. Que no es el último, también. Y que tenía un buen olfato teatral aunque la música a veces no siguiera, más. Pero, claro, no es un autor al que se pueda ‘hacer pasar’ con un espectáculo ‘provocador’, o, pese a que su orquesta es un elemento importante, sólo con una batuta,  grande o efectista que sea. Lo primero son los cantantes por las dificultades que tienen que resolver, y que deben ser también buenos intérpretes, y sobre todo entregados y capaces de creer en papeles y temas a los que el tiempo a veces les ha pasado no del todo bien.

Pero es raro que se haga un Giordano, o un verista, en forma de concierto. No suele ser el formato ideal. No obstante, el viaje desde Múnich, en medio de las representaciones en la Ópera de la ciudad, para una función en París, del mismo elenco ha demostrado que, con los elementos adecuados, es posible e incluso deseable.

No siendo la orquesta y el coro (preparado por  Stellario Fagone) habituales del repertorio lo hicieron estupendamente. La cuestión pasa por no menospreciar a los autores y tomarse el trabajo con seriedad. Tampoco Wellber es un especialista del verismo, pero sí un profesional y lo trabajó tan bien, que ha sido para mí su mejor actuación entre las que le he presenciado (desde luego, mucho mejor que en Valencia). Eso sí, no debería agitarse (especialmente con las piernas) tanto en el podio. Eso, y recordar que una orquesta en el escenario, detrás de los artistas, debe calibrarse de otra manera que desde el foso: no siempre lo logró.

El reparto de esta obra es largo y muchos de los roles secundarios son cortos pero nada fáciles. Ver un nombre como Soffel en la Contessa es un lujo, aunque ella parecía más bien divertida y aprovechó quizá para exagerar un poco luciendo un traje de Hollywood. Bridges es de una belleza y color vocal estupendos para Bersi (incluso su vestido) y habrá que seguirla con interés, lo mismo que a Borghini en su Roucher, o a Kuypers en su Mathieu (pasó algún apuro en una frase de esas ‘traidoras’ de Giordano, pero nada más). Del lado de la mayor veteranía Zilio sigue sorprendiendo por su estado vocal (en particular en centro y graves), su facilidad y la emoción directa de su canto (La vieja Madelon siempre hace su efecto, y la palabra es correcta y no hay que avergonzarse de ella: teatro es, también, efecto). De los demás queda por destacar el joven Anatoli Sivko, en dos papeles pequeñísimos que dejaron entrever un importante material de bajo. Conners, en cambio, tiene gran dominio de las tablas pero vocalmente su Incroyable denotó cierto desgaste.

Los tres principales fueron ovacionados con delirio y justificadamente. Salsi tiene un volumen importante, un color bello, y en Gérard importa menos que a veces se deje llevar por el chorro de voz antes que por la sutileza. Kaufmann es sin duda, hoy, el mejor Chénier que pueda encontrarse. Otra cosa es si el personaje y él se avienen a la perfección, y creo que no. Hay momentos en que su peculiar emisión  provoca sonidos engolados, otros en los que sus célebres ‘piani’ no lucen timbrados, y en su obsesión por filar los sonidos casi tiene un accidente en la frase inicial del dúo del segundo acto. Tiene prestancia, buen italiano, sabe decir (aunque el canto de conversación del principio del segundo acto no es exactamente lo suyo), se mueve bien, y su carisma, que maneja sabiamente, hacen el resto. Empezó de modo subyugante en el ‘Improvviso’, pero luego no consiguió mantenerse a ese nivel, salvo quizás en el solo del tercer acto. Pero el cuarto, que parecería el ideal para él, lo encontró cansado y a veces la orquesta o la misma Harteros lo cubrían. Y, claro está, la gran Harteros. Hay que escucharla decir-cantar ‘intorno el nulla’ en ‘La mamma morta’ y todo lo que dice, expresa (con sus ojos, con su cuerpo) antes y después del aria o en su ‘simple’ entrada en el primer acto. Sorprende su adecuación estilística incluso en la emisión y su fraseo y su dicción son memorables: Maddalena ideal, que, incluso cuando la función pareció interrumpirse al final de su aria por la intensidad de aplausos y ‘bravos’, dio una lección de cómo agradecer sin romper el hilo de la acción.

Comprendo perfectamente la ansiedad de los que a último minuto trataban de conseguir una entrada. Merecía la pena.

Jorge Binaghi