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26-III-2017 Cuando la expresión supera al artificio

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Valencia Temporada 2016/2017. Palau de les Arts Reina Sofía. Sala Principal MARKO MIMICA. MARIELLA DEVIA. WILIAM DAVENPORT. SILVIA TRÓ SANTAFÉ. FABIÁN LARA. ALEJANDRO LÓPEZ. SIMONE ALBERTI. ANDRÉS SULBARÁN. ANDREA PELLEGRINI. MOISÉS MARÍN. MICHAEL BORTH.  EMILIO SAGI, director de escena. COR DE LA GENERALITAT VALENCIANA. FRANCESC PERALES, director. ORQUESTRA DE LA COMUNITAT VALENCIANA. FABIO BIONDI, director musical. Gaetano Donizetti: Lucrezia Borgia Aforo: 1412 Asistencia: 95 % Propuestas como esta Lucrezia son las que hacen admirar el género. La principal causante fue Mariella Devia, quien superó la Norma de 2015. La virtud de su expresión hace olvidar el artificio. Sus floreos no…

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Primer Acto de Lucrezia Borgia. Mariella Devia y William Davenport. Palau de Les Arts. Créditos: Tato Baeza.

Valencia

Temporada 2016/2017. Palau de les Arts Reina Sofía. Sala Principal

MARKO MIMICA. MARIELLA DEVIA. WILIAM DAVENPORT. SILVIA TRÓ SANTAFÉ. FABIÁN LARA. ALEJANDRO LÓPEZ. SIMONE ALBERTI. ANDRÉS SULBARÁN. ANDREA PELLEGRINI. MOISÉS MARÍN. MICHAEL BORTH.  EMILIO SAGI, director de escena. COR DE LA GENERALITAT VALENCIANA. FRANCESC PERALES, director. ORQUESTRA DE LA COMUNITAT VALENCIANA. FABIO BIONDI, director musical.

Gaetano Donizetti: Lucrezia Borgia

Aforo: 1412 Asistencia: 95 %

Propuestas como esta Lucrezia son las que hacen admirar el género. La principal causante fue Mariella Devia, quien superó la Norma de 2015. La virtud de su expresión hace olvidar el artificio. Sus floreos no son meras exhibiciones pirotécnicas. Están bien dichos y matizados en color e intensidad. Siente cada melisma. Sin prisa. Con serenidad y atención también hacia el canto spianato. Dosifica los vastos recursos que aún posee (en abril cumple 69 años) para llegar a la última cabaletta y dejarnos helados con un sobreagudo, no demasiado prolongado, pero electrizante. Antes, ya había demostrado buenas dosis de fiato. De su rol como madre da una idea la rabia con la que se abalanzó contra su esposo para espetarle que ella puede hacer que se arrepienta si lo sacrifica finalmente. De la mujer vengativa, su impresionante aparición tras el envenenado brindis con un vestido rojo en un decorado de colores fríos. Aún sin decir nada llenó la escena.

No debe resultar fácil darle la vez. Sin embargo, tanto Marko Mimica como William Davenport lo consiguieron. El primero, con un sonido más grande que expresivo y el segundo con un color bonito, pero algo justo en el agudo. Silvia Tro fue convincente en lo vocal (sonido equilibrado, bien balanceado y de hermosos matices tímbricos) y esplendida en lo teatral. Emilio Sagi juega bien con Orsini y su travestismo para convertir una franca conversación entre amigos en una escena de calculada ambigüedad sexual. Hasta Davenport pareció aturdido tras el beso que le da. La advertencia de Maffio a Gennaro, “¡Infeliz! ¡Qué confiado eres! ¿No conoces las astucias femeninas?”, sonó entre divertida y paradójica. Todos los comprimarios, pertenecientes al Centre de Perfeccionament Plácido Domingo y al Cor, fueron sobresalientes. No obstante, destacaría a Moisés Marín por la igualdad con Mimica en sus diálogos. Los matices del coro de sicarios resultaron sugerentes en el canto y en el subrayado psicológico que proporcionan a la conversación entre Rustighello y Astolfo.

Fabio Biondi anunció que su lectura no sería convencional. Casi nunca lo son. Utilizó la partitura de Donizetti como soporte y no como mero acompañamiento, lo cual agradece una trama tan fútil. Sacó a relucir cualquier detalle, incluso cuando la diva se encontraba en plena faena. El diálogo entre ambos en “Com’è bello” fue primoroso y toda una lección de cómo articular un aria entre solista y director. Éste dota a la música del dinamismo necesario para apoyar la progresión dramática, con la habilidad de llenar el discurso de tenebrosos augurios a la vez que Orsini entona el carpe diem. No esconde tampoco los destellos rossinianos que salpican sus páginas. Sin embargo, al salir, nos descubrimos tarareando fragmentos que resultan ser verdianos.

Emilio Sagi se reveló como un hábil y sensible jugador del popular videojuego Minecraft. Sus paneles cuadriculados se asemejan mucho a esos bloques constructivos suecos. También sus movimientos para abrir, y sobre todo cerrar, espacios en una atmósfera claustrofóbica. El movimiento escénico tuvo la delicadeza de no molestar en los pasajes íntimos. Solo el principio resultó un poco embarullado y pareció facilón el recurso de mostrar al niño abandonado durante el preludio. En la decoración abstracta caben tres elementos figurativos: una góndola (situación geográfica), una maqueta de Ferrara que se construye y se deconstruye (poder político) y un hombre de Vitrubio que nos lleva al Renacimiento. La galaxia Gutenberg en la era digital. Sagi parece reivindicar el poder y la utilidad, aún hoy, de los medios que dieron pábulo a la leyenda negra de la Borja (con jota en valenciano). Una mujer utilizada por su padre y su hermano, más humanista de lo que se ha dicho. Victor Hugo contribuyó a prodigar su mala fama al endilgarle otro marido (Alfonso d’Este fue el tercero y no el cuarto), lo cual recogió Felice Romani en esta ópera-novela que distrajo a los románticos y a la que los responsables de esta producción han sabido sacarle partido.

La representación del día 1 de abril será retransmitida en directo mediante streaming gratuito por The Opera Platform.

DANIEL MARTÍNEZ BABILONI