Audioclasica

01-IV-2017 Los invisibles

Crédito: Klaus Lefebvre
La directora australiana Simone Young

BARCELONA L’AUDITORI RAY CHEN, violín. OBC. SIMONE YOUNG, directora. Obras de E. Granados, L. Bernstein y B. Bartók. Aforo: 2.203 Asistencia: 80% “Bernstein, Bartók y el violín de Ray Chen” rezaba el título del programa semanal de la OBC y cualquier mente biempensante habría supuesto que tanto elemento coordinado obedecía a un compromiso por no dejarse nada y poner en un mismo nivel de atracción hacia el público al maestro estadounidense, al genio checo y al prometedor violinista taiwanés. Bastaba luego abrir el programa de mano para constatar que en la publicitaria enumeración no estaban todos los que eran. Faltaba…

Crédito: Klaus Lefebvre La directora australiana Simone Young

Crédito: Klaus Lefebvre
La directora australiana Simone Young

BARCELONA

L’AUDITORI

RAY CHEN, violín. OBC. SIMONE YOUNG, directora.

Obras de E. Granados, L. Bernstein y B. Bartók.

Aforo: 2.203 Asistencia: 80%

“Bernstein, Bartók y el violín de Ray Chen” rezaba el título del programa semanal de la OBC y cualquier mente biempensante habría supuesto que tanto elemento coordinado obedecía a un compromiso por no dejarse nada y poner en un mismo nivel de atracción hacia el público al maestro estadounidense, al genio checo y al prometedor violinista taiwanés. Bastaba luego abrir el programa de mano para constatar que en la publicitaria enumeración no estaban todos los que eran. Faltaba Enric Granados, cuyas Tres danzas españolas iban a abrir velada y cuyo sesquicentenario se está celebrando con más bien escasa atención y repercusión. Y faltaba también la directora Simone Young y, en fin, uno encuentra difícilmente explicable que, tratándose de la primera directora que se pone al frente de la OBC desde 2009, no solo no se ponga énfasis en tal circunstancia, sino que su nombre se omita de manera tan clamorosa.

Pero Young –que debe de haber digerido ya más de un menoscabo semejante a lo largo de su carrera por causa de su sexo– se tomó cumplida venganza con un trabajo de dirección estupendo, meticuloso, muy musical. Fue quizás un poco austera con las tres páginas de Granados en orquestación de Lamote de Grignon –quizás le faltó un punto de ensoñación a la Oriental y otro de duende a la Andaluza, pero la Rondalla aragonesa fue muy colorista, con una magnífica intervención de Mireia Farrés–. Sin embargo, con Serenade, el título bernsteiniano remotamente inspirado en El banquete de Platón –¿qué habría pensado el filósofo académico?–, consiguió una lectura enérgica e impresiva, pero a un tiempo ajustada con el solista. Chen se mostró como un intérprete de técnica admirable –aún más en las dos propinas que regaló, de Paganini y Bach–, dueño, con su Stradivarius, de un sonido amplio y aterciopelado. En la medida en que un solo concierto permite juzgarle, merece la confianza de una carrera incipiente pero esperanzadora.

El Concierto para orquesta BB123 de Bartók es una obra de contrastes y Young los subrayó con sabiduría. El segundo movimiento, Giuoco delle coppie, fue servido de manera especialmente afortunada, pero los otros cuatro se beneficiaron también de la intensa expresividad que les imprimió una directora que habría merecido un lugar –y de privilegio– en el título del programa.

Javier Velaza