Audioclasica

5-V-2017 Abrazo entre lo estrambótico y la academia

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Valencia  Primavera 2017. Abono 9. Festival Ensems. Palau de la Música. Sala Iturbi LLORENÇ BARBER, voz difónica y campanas. MONTSERRAT PALACIOS, voz y música gestual. BARTOMEU FERRANDO, poesía sonora. MIGUEL ÁNGEL MARÍN, clarinete y música de acción. LUIS OSCA, marimba. JOSEP FURIÓ, vibráfono. ORQUESTA DE VALENCIA. CARLOS GARCÉS, director. Llorenç Barber: Afectuosament. Emmanuel Séjourné: Doble concierto para marimba, vibráfono y orquesta. Piotr Ílich Chaikovski: Sinfonía nº 1 en sol menor op. 13 TH 24 “Sueños de invierno” Aforo: 1.817 Asistencia: 80 % Decía Juan Francisco de Dios Hernández que la primera vez que te acercas al arte sonoro éste te…

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Protagonistas del estreno de Afectuosament. Palau de la Música de Valencia. Créditos: Eva Ripoll.

Valencia

 Primavera 2017. Abono 9. Festival Ensems. Palau de la Música. Sala Iturbi

LLORENÇ BARBER, voz difónica y campanas. MONTSERRAT PALACIOS, voz y música gestual. BARTOMEU FERRANDO, poesía sonora. MIGUEL ÁNGEL MARÍN, clarinete y música de acción. LUIS OSCA, marimba. JOSEP FURIÓ, vibráfono. ORQUESTA DE VALENCIA. CARLOS GARCÉS, director.

Llorenç Barber: Afectuosament. Emmanuel Séjourné: Doble concierto para marimba, vibráfono y orquesta. Piotr Ílich Chaikovski: Sinfonía nº 1 en sol menor op. 13 TH 24 “Sueños de invierno”

Aforo: 1.817 Asistencia: 80 %

Decía Juan Francisco de Dios Hernández que la primera vez que te acercas al arte sonoro éste te impregna de tal beligerancia que condiciona tu forma de ver la música. La etiqueta es tan amplia (más si se define en Valencia que si se hace desde Madrid, como acabamos de ver en la exposición Escuchar con los ojos) que admite diferentes grados de influencia, pero ciertamente al musicólogo madrileño no le falta razón. Llorenç Barber ha hecho del arte sonoro su bandera y de la contestación a la academia su razón de ser. Su orquesta es el mundo y su guía lo contextual. Para él, como para el grafitero Sniper, el francotirador paciente de Arturo Pérez Reverte, “las calles son el arte”. De ahí que más que a componer Barber se dedique a proponer, desde sus proclamas de Actum, y mil batallas más, a Afectuosament, estrenada en este concierto. Del otro lado, hace dos ediciones de Ensems, su director, César Cano, opinaba que el festival no debería convertirse en un “certamen de música estrambótica” sin interés. Y si vamos un poco más atrás, en opinión de los responsables de esta casa, interpretar música actual fuera de lo canónico perjudica al estado de forma del conjunto titular.

Pasado el tiempo, en la segunda edición de Ensems sin una cabeza que lo dirija (su programa se confecciona de forma colegiada entre técnicos y responsables de música del Instituto Valenciano de Cultura y el comisario y artista sonoro Edu Comelles), encontramos  un concierto de la Orquesta de Valencia (OV), que goza de autonomía, en el que ambas posturas se dieron la mano. Es más, se abrazaron. Sin aspavientos. En un clima distendido, cordial y afectuoso entre autor, músicos y oyentes para, al acabar,cada cual llevarse  su escucha a casa. Aunque bien es verdad que la contemporaneidad de este programa fue progresivamente atenuada hasta hacerla desaparecer. En la quincena de ocasiones que la OV ha participado en el festival se han oído programas más arriesgados que éste. El número de compositores vivos cuyas obras se han interpretado en ellos es notablemente superior a los fallecidos.

Así pues, Llorenç Barber entró en el museo para rendir tributo al músico de Ontinyent y pariente lejano suyo, José Melchor Gomís y Colomer (1791-1836), liberal exiliado al inicio de la década ominosa. El Himno de Riego, reiterado, grave y solemne, sirve de base a Afectuosament. Sobre él, y por acumulación, se dibuja un crescendo, que en otras ocasiones se ha denominado de ciudad, desde la sutil entrada de los contrabajos hasta estallar en una improvisación-acción del trombón solista y el bombo. En los trece minutos que duró la pieza, la cual me llevó al Boccherini versión Luciano Berio, encontramos a todos los Barber posibles: el minimalista, el ceremonial, el campanero-libre improvisador y el plurifocal, como lo apellidó Rubén López-Cano. El propositor distribuyó las acrobacias de Miguel Ángel Marín y las evoluciones vocales de Montserrat Palacios en el plano elevado de las zonas laterales de anfiteatro. A uno y otro lado de la boca del escenario colocó a Bartomeu Ferrando y a su campanario portátil, respectivamente, para hacer que sus armonías metálicas y fonéticas sobrevolasen, dialogasen y cumplimentasen la textura y la armonía tonal de la orquesta.

Un agente fundamental en el éxito de la pieza fue el director. Carlos Garcés la abordó con atención y muy buenas maneras. Las mismas que lució en el resto de la velada. Completó la primera parte el Doble concierto para marimba, vibráfono y orquesta (2012) del francés Emmanuel Séjourné. Es una obra de agradable digestión que funde elementos jazzísticos, étnicos y melodías de corte naif. Con la complicidad de la orquesta, mimó al detalle la acentuación del primer movimiento y logró unos pianos extremados en el segundo. La sonoridad de la tercera sección resultó bellísima, aunque le faltó un pelín de definición en la articulación. Garcés dejó espacio a los solistas, los profesores de la OV Luis Osca y Josep Furió, para que desarrollaran sus partes con expresividad, virtuosismo y cumplido entendimiento. La interpretación alcanzó notable reconocimiento por el público. De regalo sonó un divertido Vuelo del moscardón a dúo en la marimba.

Cerró el concierto la Sinfonía nº 1 en sol menor op. 13 TH 24 “Sueños de invierno”, compuesta por Chaikovski cuando ya era profesor en el Conservatorio de Moscú. De ella el joven músico soriano hizo una lectura notablemente pulida. Destacó por su elocuente fraseo y por dotar a los silencios del primer y último movimiento de tal tensión que en la sala no cupo ni una tos. En el “Scherzo” demostró flexibilidad rítmica y vuelo melódico. El “Andante lúgubre” resultó dramático y un tanto teatralizado antes de despertar en el “Allegro moderato”. La orquesta sonó redonda y empastada. La cuerda aguda, tersa y compacta, como no la hemos visto con directores más veteranos. Además, Garcés obtuvo colores muy bonitos, diferentes en cada una de las obras interpretadas. Una lástima que a las trompetas les faltase un puntito de empuje para coronar el final de la Sinfonía.

DANIEL MARTÍNEZ BABILONI