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05-V-2017 La Gazza ladra vuela otra vez en La Scala

Crédito: ©Brescia/Amisano - Teatro alla Scala. Rosa Feola en la marcha fúnebre de segundo acto de La gazza ladra

MILÁN Temporada de ópera 2016/2017. Teatro alla Scala ROSA FEOLA, MUCHELE PERTUSI, EDGARDO ROCHA, ALEX ESPOSITO, TERESA IERVOLINO, SERENA MALFI, PAOLO BORDOGNA, FRANCESCA ALBERTI. ORCHESTA Y CORO DEL TEATRO ALLA SCALA. GABRIELE SALVATORES, Dirección de escena. RICCARDO CHAILLY, Dirección Musical Rossini: La gazza ladra Aforo: 2.222 Asistencia: 99% La Gazza ladra es una gran partitura de Rossini; extraña, única y en su género semiserio, fascinante. Tuvo gran un éxito en 1817 – año de su estreno –, pero no volvía a Milán desde el lejano 1841. La primera recuperación moderna fue en el Festival di Pesaro de 1980, originando la que fue la…

Crédito: ©Brescia/Amisano - Teatro alla Scala. Rosa Feola en la marcha fúnebre de segundo acto de La gazza ladra

Crédito: ©Brescia/Amisano – Teatro alla Scala. Rosa Feola en la marcha fúnebre de segundo acto de La gazza ladra

MILÁN

Temporada de ópera 2016/2017. Teatro alla Scala

ROSA FEOLA, MUCHELE PERTUSI, EDGARDO ROCHA, ALEX ESPOSITO, TERESA IERVOLINO, SERENA MALFI, PAOLO BORDOGNA, FRANCESCA ALBERTI. ORCHESTA Y CORO DEL TEATRO ALLA SCALA. GABRIELE SALVATORES, Dirección de escena. RICCARDO CHAILLY, Dirección Musical

Rossini: La gazza ladra

Aforo: 2.222 Asistencia: 99%

La Gazza ladra es una gran partitura de Rossini; extraña, única y en su género semiserio, fascinante. Tuvo gran un éxito en 1817 – año de su estreno –, pero no volvía a Milán desde el lejano 1841. La primera recuperación moderna fue en el Festival di Pesaro de 1980, originando la que fue la recuperación, en el siglo pasado, de la obra del gran compositor italiano. Un olvido muy largo, debido a varias razones: desaparición en el XIX de intérpretes adecuados, la necesidad de nada menos que ocho cantantes de primera fila y el hecho de ser probablemente una obra por lo general de tono bastante serio con páginas dramáticas, fuertes y austeras, pensadas más para sorprender por su impacto dramático que para acariciar el oído con melodías fáciles y agradables.

El libreto de la bella comedia escrita con gran esmero por el médico, poeta, traductor, político y lexicógrafo Giovanni Gherardini (1778-1861) se hace siempre más obscura y triste mientras trascurre el argumento, cuando la amable camarera Ninetta es acusada injustamente de un robo doméstico y condenada a muerte. La chica consigue salvarse en el último momento en el momento en que se descubre que la autora del robo no es nada menos que una urraca que durante toda la ópera vuela sobre los personajes, observando y comentando, con palabras repetidas, los acontecimientos. El pájaro molesto y listo, en la puesta en escena pensada para la nueva producción de La Scala por el director de cine Gabriele Salvatores, es personificado por una figura humana; la acróbata Francesca Aliberti que vuela, se enreda y sube sobre cuerdas colgadas en el escenario dando así vida, de forma muy eficaz, a la idea del pájaro protagonista. Al final de la ópera con un juego escénico realizado en video y muy logrado, la acróbata se transformará en un pájaro de verdad volando libre por el cielo azul. Por lo demás – incluyendo la presencia en el escenario de algunas marionetas de la Compañía de Carlo Colle & Figli (que doblan los personajes) –  la puesta en escena milanesa fue muy realista. El detalle dado a la actuación de los cantantes, la claridad de la dicción consiguió además aportar una eficacia teatral casi goldoniana, gracias también a un decorado simple con un decorado único ideado por Gian Maurizio Fercioni y muy pertinente en representar los diferentes ambientes; la aldea, el tribunal y la prisión de segundo acto. Lo mismo dígase de los trajes, del mismo autor, todos en estilo siglo diecinueve, capaces de definir con claridad y pertinencia cada uno de los personajes.

Crédito: “©Brescia/Amisano - Teatro alla Scala. Un escena del primer acto de La gazza ladra

Crédito: “©Brescia/Amisano – Teatro alla Scala. Un escena del primer acto de La gazza ladra

En lo que se refiere a la parte musical, Riccardo Chailly consiguió una dirección muy lograda, respetuosa de la partitura en su totalidad, guiando la excelente orquesta y los cantantes con la justa energía y finura. El director milanés conoce muy bien a Rossini y mantiene su estilo también en las situaciones más trágicas y patéticas. De este modo en su interpretación no faltan ligereza, ironía y una rapidez siempre controlada, como por ejemplo en la famosa obertura. Sin embargo, el tono general dado a la obra es oscuro y por lo tanto la orquesta mantuvo una sonoridad nunca anémica, sino contrariamente llena de sonidos fuertes e impactantes. Es la misma energía orquestal que los contemporáneos de Rossini al mismo tiempo apreciaban y detestaban en la obra del compositor. Chailly consiguió respetar este aspecto adaptándolo a nuestros oídos ya acostumbrados a otra clase de estruendos en orquesta; sin olvidar los colores de la orquesta que con el avanzar de la ópera se hacen más obscuros, adaptándose a la catástrofe que amenaza la joven Ninetta. Como por ejemplo en la prodigiosa escena del juicio del segundo acto con las intervenciones del coro y las dos marchas fúnebres. Momentos que, junto a muchas otras partes de la ópera, demuestran con claridad como Rossini conocía muy bien a compositores como Cherubini y Beethoven. Lógico que la audiencia más conservadora de 1817 pudiera sobresaltares frente a ciertas ideas del compositor, tachándolo de autor extravagante e inaceptablemente vanguardista.

En la misma línea basada en un registro serio, animado siempre por una tensión teatral eficaz y equilibrada también en los momentos más frenéticos, se situó asimismo la actuación del reparto vocal, empezando por Paolo Bordogna (Fabrizio), Teresa Iervolino (Lucia) y el veterano Michele Pertusi, un amenazador y agresivo Corregidor que acorrala con gran eficacia a Ninetta, muchacha con un fuerte carácter lejana a cierto coqueteo presente en personajes similares de la ópera del dieciocho. Rosa Feola con su voz muy equilibrada y agradable consiguió una interpretación de gran impacto y excelente en lo vocal y con justa presencia escénica. Muy bien el tenor ligero Edgardo Rocha y el bajo Alex Esposito en el papel del padre de Ninetta. Conseguir hacer clara la palabra y al mismo tiempo ser capaces del justo virtuosismo vocal es lo que pretende la vocalidad rossiniana: bajo la guía de Chailly todo el reparto lo consiguió, también los papeles menores, como el Pippo de Serena Maldi y el Isacco de Matteo Macchioni: un vendedor ambulante del que Verdi se acordará para el personaje de Mastro Trabucco en La forza del Destino. Al final de las tres horas y media del espectáculo evidente fue el éxito para todos los cantantes, con un triunfo personal para Chailly cancelando los estúpidos abucheos que recibió sólo el día de la primera función.

Gian Giacomo Stiffoni