Audioclasica

04-VI-2017  Viejas historias de terror que mañana podrían ser realidad

Opera "The turn of the screw", de Benjamin Britten.
direccion musical Christopher Franklin
direccion de escena Davide Livermore
actores del centre Placido Domingo
en el teatro Martin i Soler del palau de les arts

VALENCIA TEMPORADA 2016/2017. TEATRE MARTIN I SOLER. CENTRE DE PERFECCIONAMENT PLÁCIDO DOMINGO. KAREN GARDEAZABAL. NOZOMI KATO. ANDRÉS SULBARÁN. MARIANNA MAPPA. GIORGIA ROTOLO. WILLIAM HARDY. DAVIDE LIVERMORE, director de escena. ORQUESTRA DE LA COMUNITAT VALENCIANA. CHRISTOPHER FRANKLIN, director musical. Benjamin Britten: The Turn of the Screw Aforo: 400 Asistencia: 85 % Hace justo un año vivíamos una noche de cuento con la primera ópera de Benjamin Britten escenificada en Les Arts, A Midsummer Night’s Dream. En la segunda, The Turn of the Screw, la placidez y el solaz dejaron paso a la turbación y al terror. Para la próxima temporada ya…

Variación XIII. Escena VI: El Piano. The Turn of the Screw. Les Arts. Créditos: J.C. Barberá

VALENCIA

TEMPORADA 2016/2017. TEATRE MARTIN I SOLER. CENTRE DE PERFECCIONAMENT PLÁCIDO DOMINGO.

KAREN GARDEAZABAL. NOZOMI KATO. ANDRÉS SULBARÁN. MARIANNA MAPPA. GIORGIA ROTOLO. WILLIAM HARDY. DAVIDE LIVERMORE, director de escena. ORQUESTRA DE LA COMUNITAT VALENCIANA. CHRISTOPHER FRANKLIN, director musical.

Benjamin Britten: The Turn of the Screw

Aforo: 400 Asistencia: 85 %

Hace justo un año vivíamos una noche de cuento con la primera ópera de Benjamin Britten escenificada en Les Arts, A Midsummer Night’s Dream. En la segunda, The Turn of the Screw, la placidez y el solaz dejaron paso a la turbación y al terror. Para la próxima temporada ya se anuncia Peter Grimes en lo que supone un ciclo dedicado al británico muy atractivo, debido al interés intrínseco de su música y a las buenas maneras con las que hasta ahora se han presentado sus títulos.

La escenografía de esta Otra vuelta de tuerca es de Davide Livermore y como en otros de sus trabajos acude al cine y a la televisión como fuentes de inspiración. El primero está presente en la expresionista y claustrofóbica espacialidad con la que recrea la vieja casona de la campiña inglesa. Unas inquietantes sombras muy bien planificadas se apoderan del relato escrito con mano temblorosa por una inocente institutriz que llega a una casa en la que el silencio esconde las miserias de sus habitantes. La progresiva rotación del atrezzo desde el suelo hasta el techo, pasando por las paredes, intensifica el sentido de bucle en el que cae la joven y el retorcimiento de las quince variaciones del tema dodecafónico con las que Britten completa la partitura.

La televisión está presente en forma de receptor desintonizado de los años cincuenta del siglo XX (desde él el propio regista canta el papel de El Prólogo). El televisor es un aparato que entró en los hogares de la clase media en los años de la Guerra Fría para contar Historias para no dormir, presentadas por Alfred Hitchcock y Chicho Ibáñez Serrador, o como la que  Britten y Myfanwy Piper cuentan aquí. Además, es un medio muy cercano al compositor. El productor John Culshaw, jefe de programas musicales de la BBC tras abandonar Decca, le encargó una ópera para la pequeña pantalla tras el éxito de la adaptación fílmica de Peter Grimes en 1969. Ésta fue Owen Wingrave, joven antimilitarista, con texto de Henry James al igual que The Turn of the Screw. Posteriormente, en los primeros años de la década de 1980 Petr Weigl, con dirección musical de Sir Colin Davis, adaptó el título que nos ocupa en una versión televisiva mucho más explícita con respecto a la pedofilia, el fantasma que Livermore pone en danza y exorciza, a modo de denuncia, en esta obsesiva producción. Grandes dosis de ilusionismo y un inteligente juego escénico y lumínico favorecen las inquietantes apariciones fantasmales, ahondan en la profundidad de este thriller psicológico y hacen crecer progresivamente la tensión.

A Christopher Franklin lo pudimos ver en la ópera Café Kafka de Francisco Coll y en Juana de Arco en la hoguera de Arthur Honegger, ambas resueltas con solvencia. En The turn of the screw contribuyó a incrementar el suspense y desentrañó con claridad las intrincadas texturas que a veces Britten vierte en la partitura, a pesar de los parcos medios instrumentales que utiliza. Según la necesidad de la variación correspondiente destacó los cambiantes colores del conjunto dando continuidad a una partitura escrita por números que sustenta el misterio in cescendo .

El elenco pertenecía al Centre de Perfeccionament Plácido Domingo y destacó por su entrega y compenetración. Karen Gardeazabal, como institutriz, supo transmitir vocal y teatralmente la situación del personaje: “Perdida en mi laberinto no encuentro verdad ninguna”. Nozomi Kato le dio la vez como Mrs. Grose y juntas formaron un magnifico dúo al coincidir en escena. Andrés Sulbarán fue un Peter Quint grave y bien cantado. La Miss Jessel de Marianna Mappa estuvo llena de matices y Giorgina Rotolo se adaptó bien al papel de niña. En el de Miles destacó William Hardy, de la Trinity School de Croydon, con una interpretación inquietante: “¿Soy malo, verdad?”, se pregunta. Livermore aprovechó muy bien la ambivalencia del niño de inocente voz blanca sin madurar aún y la potente carga psicológica del rol. Su muerte resultó escalofriante.

DANIEL MARTÍNEZ BABILONI