Audioclasica

05-VI-2017 A por más Rimsky-Korsakov

Una escena del Acto II de El gallo de oro (crédito fotográfico: Javier del Real)

  MADRID. Temporada de Ópera. Teatro Real DMITRY ULYANOV, Zar Dodón. VENERA GIMADIEVA, Reina de Shemajá. ALEXANDER KRAVETS, Astrólogo. OLESYA PETROVA, Amelfa. ALEXANDER VINOGRADOV, General Polkán. SERGEI SKOROKHODOV, Príncipe Guidón. ALEXEY LAVROV, Príncipe Afrón. SARA BLANC, Gallo de oro. ORQUESTA Y CORO TITULARES DEL TEATRO REAL. IVOR BOLTON, director. Dirección escénica de LAURENT PELLY. Nicolai Rimsky-Korsakov: El gallo de oro Aforo: 1.746 Asistencia: 95 % La producción operística de Rimsky-Korsakov constituye, sin duda alguna, uno de los mayores tesoros por descubrir (al menos, fuera de Rusia) del siglo XIX y principios del XX. El ropaje fantástico y folclorista que domina su obra ha…

 

Una escena del Acto II de El gallo de oro (crédito fotográfico: Javier del Real)

Una escena del Acto II de El gallo de oro (crédito fotográfico: Javier del Real)

MADRID. Temporada de Ópera. Teatro Real

DMITRY ULYANOV, Zar Dodón. VENERA GIMADIEVA, Reina de Shemajá. ALEXANDER KRAVETS, Astrólogo. OLESYA PETROVA, Amelfa. ALEXANDER VINOGRADOV, General Polkán. SERGEI SKOROKHODOV, Príncipe Guidón. ALEXEY LAVROV, Príncipe Afrón. SARA BLANC, Gallo de oro. ORQUESTA Y CORO TITULARES DEL TEATRO REAL. IVOR BOLTON, director. Dirección escénica de LAURENT PELLY.

Nicolai Rimsky-Korsakov: El gallo de oro

Aforo: 1.746 Asistencia: 95 %

La producción operística de Rimsky-Korsakov constituye, sin duda alguna, uno de los mayores tesoros por descubrir (al menos, fuera de Rusia) del siglo XIX y principios del XX. El ropaje fantástico y folclorista que domina su obra ha eclipsado la variedad (y la modernidad) de los registros y planteamientos ensayados a lo de sus libretos: el drama histórico -el más flojo de sus registros, con La dama de Pskov [1873], La novia del Zar [1899] y Servilia [1902]-, el ciclo de leyendas nacionales –Mlada [1892], Sadko [1898] y Kitezh [1907]- los cuentos folclóricos con trasfondo sobrenatural –La noche de Mayo [1880], Snegurochka [1882], La nochebuena [1895] y Pan Voyevoda [1904]- o las fantasías El cuento del zar Saltán [1900], Kashchey el inmortal [1904] y la póstuma El gallo de oro [1909].

Esta ultima se beneficia de un libreto oscuro y enigmático con implicaciones políticas -el profundo desencanto con el régimen zarista, unos años antes de su colapso- y estéticas -simbolismo finisecular de inspiración parsifaliana en el Acto II, a través de la Reina de Shemajá (versión rusa de Kundry)-, más una estimulante mezcla de sátira y fábula moral que adelantan obras como El amor de las tres naranjas de Prokofiev o El ruiseñor stravinskyano y que ofecen una multiplicidad de bazas a partir de las cuales conducir y desarrollar esta, por otro lado, originalísima obra.

El director de escena optó por una lectura desnuda -fondo oscuro, un montículo, unos pocos elementos escénicos- y centrada en la caracterización los personajes principales: el inquietante narrador/astrólogo, el zar Dodón y su reino representado por una inmensa cama, la bella y perversa reina de Shemajá, escoltada por su simiesca (y siniestra) guardia, así como el inefable gallo de oro, evocador de la inocencia animal en medio del absurdo de las humanas ambiciones. Dmitry Ulyanov ha demostrado ya varias veces en este mismo escenario que es un bajo sensacional, y su Dodón lo fue sin paliativos. Estuvo especialmente lograda la caracterización de la reina, cuya sensualidad no atemperó la naturaleza inhumana y nihilista del personaje. Gimadieva sirvió ambas facetas de su personaje gracias a la tersura de su voz de lírico-ligera, con la que salvó sin dificultades sobreagudos y agilidades. Solo echamos de menos el rojo de la sangre en las muertes del astrólogo y Dodón, como debido tributo a la victoria de la reina, como pórtico a las desoladoras palabras finales del astrólogo.

El Teatro Real no solo ha apostado bien por esta obra, sino que ha convertido las veladas en eventos especiales y memorables, rompiendo la barrera que, de algún modo, mantuvo a Billy Budd o a Bomarzo dentro de una preciosa urna de cristal. Aparte del entusiasmo y buenos resultados de Bolton y de la orquesta, debemos señalar la extraordinaria idea de introducir, como intermedio entre los actos II y III, del arreglo del aria de Shemajá para violín y piano firmado por Fritz Kreisler, con el mismo Bolton al piano y una actuación fuera de serie al violín de Gergana Gergova, concertino invitada de la agrupación madrileña. Esperamos que este Rimsky-Korsakov sea solo el primero de otros muchos.

RAFAEL FERNÁNDEZ DE LARRINOA