Audioclasica

20-VI-2017 Un disoluto encantador…

Crédito: © A. Bofill
Carlos Álvarez y Anatoli Sivko.

BARCELONA Temporada 2016/17. Gran Teatre del Liceu ÁLVAREZ, SIVKO, GOIKOETXEA, SPENCE, PAPATANASIU, MARSOL, IGNACIO. ORQUESTRA SIMFÒNICA I COR DEL GRAN TEATRE DEL LICEU. JOSEP PONS, director musical. KASPER HOLTEN, dirección de escena. ES DEVLIN, escenografía. ANJA VANG KRAGH, vestuario. BRUNO POET, iluminación. Wolfgang Amadeus Mozart: Don Giovanni Aforo: 2286 Asistencia: 90% En coproducción a cuatro bandas (Londres, Houston y Tel Aviv), y como penúltima producción de la temporada, Don Giovanni, en la discutida propuesta escénica de Kasper Holten… No es, por supuesto, sencillo afrontar un arquetipo dramático de la trascendencia y complejidad del impenitente seductor de modo novedoso, y Holten…

Crédito: © A. Bofill Carlos Álvarez y Anatoli Sivko.

Crédito: © A. Bofill
Carlos Álvarez y Anatoli Sivko.

BARCELONA

Temporada 2016/17. Gran Teatre del Liceu

ÁLVAREZ, SIVKO, GOIKOETXEA, SPENCE, PAPATANASIU, MARSOL, IGNACIO. ORQUESTRA SIMFÒNICA I COR DEL GRAN TEATRE DEL LICEU. JOSEP PONS, director musical. KASPER HOLTEN, dirección de escena. ES DEVLIN, escenografía. ANJA VANG KRAGH, vestuario. BRUNO POET, iluminación.

Wolfgang Amadeus Mozart: Don Giovanni

Aforo: 2286 Asistencia: 90%

En coproducción a cuatro bandas (Londres, Houston y Tel Aviv), y como penúltima producción de la temporada, Don Giovanni, en la discutida propuesta escénica de Kasper Holten… No es, por supuesto, sencillo afrontar un arquetipo dramático de la trascendencia y complejidad del impenitente seductor de modo novedoso, y Holten apura su opción con coherencia: un espacio único giratorio, a modo de teatrillo que, invadido por constantes videoproyecciones firmadas por Luke Halls (grafiti, colores, formas abstractas) dota de claroscuro un cierto estatismo cuya economía apenas reproduce la diversidad de espacios del libreto original y se mueve peligrosamente entre el horror vacui (como en el entorno pensando para “Fin ch’han dal vino”) y la escasez de potencia visual, que afecta sobre todo a un final, con el coro en el foso y el protagonista condenado a sus demonios de soledad interior, decepcionante. Señalemos, por el contrario, lo apropiado del vestuario, de impronta eduardiana, y el eficaz ritmo del “Finale” del primer acto, que resuelve el baile de máscaras con animado juego de entradas y mutis por puertas, ventanas y escaleras.

© A. Bofill Toni Marsol, Rocío Ignacio y Carlos Álvarez

© A. Bofill
Toni Marsol, Rocío Ignacio y Carlos Álvarez

Precisa la ópera mozartiana de un reparto consistente y equilibrado. Y aunque se trataba de un segundo cast, profuso en debutantes, contaba con una baza ganadora: el Don Giovanni de Carlos Álvarez, dominador del papel como pocos en lo vocal y en lo escénico, matizado en los recitativos –¡bravo por el clave de Daniel Espasa!– y sobrado de medios en las partes ariosas, pese a algunos apuros en el seguimiento de los tempi vivos impuestos desde el foso. Junto a él, un Leporello (Anatoli Sivko) aceptable, con ciertos graves desajustados, un Comendador (Mariano Buccino) sin complejos y un Masetto de categoría (Toni Marsol) completaron la parte masculina del reparto, en la que solo desentonó Toby Spence como Don Ottavio, más recio que lírico e irregular en afinación y homogeneidad de registros, tanto en “Dalla sua pace” como, sobre todo, en el segundo acto. Sedotte e abbandonate, cumplieron tanto Vanessa Goikoetxea (Donna Anna), especialmente en “Or sai chi l’onore”, como Myrtò Papatanasiu (Donna Elvira), algo más dubitativa en la colocación de las agilidades (“Mi tradì, quell’alma ingrata”), así como el fresco timbre, apenas afectado por un vibrato peligroso, de Rocío Ignacio (Zerlina), que firmó un “Vedrai carino” sumamente expresivo.

El aplauso decidido tras varios números solistas –precipitado en el final de la ópera, puesto que rompió el enlace con el coro conclusivo– creció con plena justicia al bajar el telón, y ha de hacerse extensivo para premiar la lograda sonoridad mozartiana (transparencia de texturas, equilibrio de planos dinámicos, sobre todo en la zona grave, acento rítmico) y magnífica labor concertante de Josep Pons y la orquesta liceísta, con momentos sobresalientes como el ya comentado “Finale” del primer acto o el trío “Ah, taci ingiusto core”.

Germán Gan Quesada