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28-X-2017 Los tres retos de una Carmen

Stéphanie d'Oustrac en una escena de Carmen (crédito fotográfico: Javier del Real).

MADRID. Temporada de Ópera. Teatro Real STÉPHANIE D’OUSTRAC, Carmen. ANDREA CARÈ, Don José. OLGA BUSUIOC, Micaela. VITO PRIANTE, Escamillo. OLIVIA DORAY, Frasquita. LIDIA VINYES CURTIS, Mercedes. ORQUESTA Y CORO TITULARES DEL TEATRO REAL. MARC PIOLLET, director. Dirección escénica de CALIXTO BIEITO. Georges Bizet: Carmen Aforo: 1.746 Asistencia: 99 % Durante la historia reciente las producciones de Carmen han debido sortear tres retos: el españolismo de toreo y pandereta, la delicada frontera entre sensualidad y vulgaridad de la protagonista y la estilización romántica de lo que en realidad es una cruda historia de violencia machista. Todavía hoy en día, muchas de las producciones avaladas por coliseos de primera no…

Stéphanie d'Oustrac en una escena de Carmen (crédito fotográfico: Javier del Real).

Stéphanie d’Oustrac en una escena de Carmen (crédito fotográfico: Javier del Real).

MADRID. Temporada de Ópera. Teatro Real

STÉPHANIE D’OUSTRAC, Carmen. ANDREA CARÈ, Don José. OLGA BUSUIOC, Micaela. VITO PRIANTE, Escamillo. OLIVIA DORAY, Frasquita. LIDIA VINYES CURTIS, Mercedes. ORQUESTA Y CORO TITULARES DEL TEATRO REAL. MARC PIOLLET, director. Dirección escénica de CALIXTO BIEITO.

Georges Bizet: Carmen

Aforo: 1.746 Asistencia: 99 %

Durante la historia reciente las producciones de Carmen han debido sortear tres retos: el españolismo de toreo y pandereta, la delicada frontera entre sensualidad y vulgaridad de la protagonista y la estilización romántica de lo que en realidad es una cruda historia de violencia machista. Todavía hoy en día, muchas de las producciones avaladas por coliseos de primera no son capaces de sustraerse a las trampas de un relato anticuado y lleno de clichés y, pese a todo, cargado de un enorme potencial y actualidad, mientras otras -como la de Olivier Py para la Ópera de Lyon- se han sacudido, con enorme brillantez y potencia dramática, de estos tres pesados lastres.

Precedida de enorme controversia -sofocada gracias a la supresión de algún detalle escénico que pudiera haber soliviantado el patriotismo de un público muy sensibilizado por la cuestión catalana-, la puesta en escena del polémico régisseur Calixto Bieito nos ha sorprendido por una sobriedad y fidelidad al texto original de tintes casi clasicistas. Apoyado en un fondo negro y un escenario casi vacío -una cabina telefónica en un acto, un toro de Osborne en otro, y poco más-, Bieito no rehuye el españolismo, pero sus legionarios, sus chonis y sus contrabandistas de medio pelo evocan más a un Bigas Luna que al inmortal Mérimée. Carmen ya no se debate entre la sensualidad y la vulgaridad, sino que se inserta como una más -incluidas Frasquita y Mercedes- en un medio tan vital y vulgar como ella misma, en el mismo magma social, marginal e hipersexualizado, en la que la violencia de género es algo cotidiano y asumido con naturalidad. Queda, finalmente, desproveer a Don José de su aura romántica, efecto que Bieito consigue sin caer en didactismos ni sobreactuaciones: Don José es solo uno más entre tantos hombres incapaces de restañar su orgullo herido.

La supresión de la mayor parte de los diálogos y algunos cortes musicales (números abreviados, principalmente), así como la desnudez de la escena (el coro prácticamente no está mientras no canta, no vemos desfiles de toreros y picadores en el Acto IV, etc.-, contribuyeron notablemente a centrar el drama en la trama principal. La actuación de todos los roles destacados -naturalista y sin atisbo de retórica melodramática- alcanzó momentos muy logrados, entre los que destacaremos el aria de la flor -plenamente integrada en la acción- o, en un orden de cosas totalmente distinto, la caída del toro de Osborne que da paso al fandango del acto final o el dueto de Carmen y Escamillo poco después. Decepcionó el asesinato de la protagonista, pero solo por falta de sangre. Esperábamos algo más truculento por parte de Bieito, la verdad.

La parte musical planeó a muy buena altura, gracias a la animada, precisa y sensible dirección de Piollet, secundada por una orquesta brillante en conjunto y elocuente e imaginativa en las intervenciones solistas, así como el muy destacable reparto vocal. Puede que d’Oustrac no sea la más grande Carmen de la actualidad en términos estrictamente vocales; la voz no es de una anchura o color deslumbrantes, pero puede con el rol de principio a fin y actúa con enorme naturalidad, seguridad y carisma. Andrea Carè fue una agradabilísima sorpresa por la buena escuela vocal (legato), grato timbre y adecuada anchura, y Olga Busuioc dio todo lo que se espera de una buena Micaela. Tras un discreto Priante, brillaron con luz propia cada uno de los miembros del cuarteto de contrabandistas.

Tras la experiencia de esta Carmen entre neoclásica y minimalista, recibida por el público con interés y entusiasmo, solo cabía preguntarse: ¿quién habló de escándalo? ¿qué pudo justificar los abucheos de fechas anteriores? En fin, moriremos sin entender muchas otras cosas.

RAFAEL FERNÁNDEZ DE LARRINOA