Audioclasica

ARTURO FUENTES

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  ARTURO FUENTES. Broken mirrors/ Liquid crystals/ Ice reflection/ Glass distorsion Quarteto Diotima Kairos Catalogue 0015015KAI Sonido:*****/ Valoración:*** Se presenta en la actualidad el último trabajo discográfico publicado por el compositor Arturo Fuentes, un monográfico editado por la prestigiosa casa Kairós con notas del crítico español Paco Yáñez que supone, a partes iguales, un excepcional fonograma dedicado a la obra para cuarteto de cuerda del compositor mexicano a la par que ofrece una singular reflexión sobre la dirección que está tomando la escritura de música de cámara. Porque, todo hay que decirlo, este disco de cuartetos, ejecutado brillantemente por el…

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ARTURO FUENTES. Broken mirrors/ Liquid crystals/ Ice reflection/ Glass distorsion

Quarteto Diotima

Kairos Catalogue 0015015KAI
Sonido:*****/ Valoración:***

Se presenta en la actualidad el último trabajo discográfico publicado por el compositor Arturo Fuentes, un monográfico editado por la prestigiosa casa Kairós con notas del crítico español Paco Yáñez que supone, a partes iguales, un excepcional fonograma dedicado a la obra para cuarteto de cuerda del compositor mexicano a la par que ofrece una singular reflexión sobre la dirección que está tomando la escritura de música de cámara. Porque, todo hay que decirlo, este disco de cuartetos, ejecutado brillantemente por el Quatuor Diotima, no contiene tanto música para cuerda como para cuerda amplificada: y desde una doble perspectiva, la de su composición y la de su escucha, no son dos cosas ni tan siquiera parecidas.

Así, en el polo negativo del presente trabajo se encuentra el fantasma continuado de la “esquizofonía” de Murray Shafer: uno se siente ajeno al espíritu del cuarteto de cuerda porque se trata de una música que no guarda ningún parecido con aquella que sería escuchada en directo con la interpretación de la misma partitura. Ni determinadas técnicas compositivas ofrecerían un resultado similar, ni esta escritura “polifónica” que implica numerosos planos simultáneos resistiría una escucha idéntica en el ámbito del directo no-amplificado. No resultan demasiado comprensibles los motivos por los que, habiendo optado por un modelo de producción fonográfica que implica la captación de todos y cada uno de los detalles desde la microfonía (haciendo caso omiso de que, sin la misma, numerosísimos matices hubieran sido perdidos en la mezcla) no se etiqueta el disco como uno de “cuartetos electroacústicos” o “cuarteto con electrónica”. No en vano, hay que recordar que el tan temido “género”, la etiqueta bajo la que una obra es presentada al público, funciona como “una invitación a la forma” (en célebres palabras de Claudio Guillén, aplicadas originalmente al campo del género literario); y yendo un poco más lejos, cabría recordar igualmente que esta invitación a la forma lo es igualmente para el autor, quien al enmarcarse dentro de unos determinados parámetros estilísticos y formales acepta unas bases para su propio pensamiento que aquí no parecen estar del todo claras. Podría decirse que Fuentes compone lo que quiere componer y, ya luego, si la partitura cumple o no con unas necesidades técnicas para la plantilla escogida es algo que tocará solucionar en la mesa de mezclas. Por supuesto, todo ello dicho desde las obras tal y como son presentadas en el registro y con independencia de que el resultado en el directo sin amplificación sea diferente pero igualmente válido. Porque válido y creativo sí lo es.

Es el polo positivo del disco estaría la música en sí, toda vez que uno supera las reticencias provocadas por su presentación tan poco adecuada. El pensamiento sonoro de Fuentes resulta de una riqueza excepcional, indiscutible, mostrando especial interés por los procesos de transformación del material sónico a través de la degradación progresiva del mismo: técnicas compositivas de fuerte raíz física, más basadas en lo que ocurre cuando se toca un instrumento que basadas en una planificación intelectual del sonido; base en Lachenmann, en definitiva, y por lo tanto siempre bien recibida. Pero también, y por ello ganando puntos a su favor, con una construcción de densidades y texturas que no abandona una formalidad de reminiscencias clásicas, ofreciendo un lenguaje sumamente atractivo pero siempre comprensible incluso en una primera escucha.

Cronológicamente, ambos aspectos citados (estos polos “positivo” y “negativo”) parecen ir en correlación: las obras más conseguidas en el segundo aspecto son las más tardías y al mismo tiempo las que parecen necesitar en mayor medida del dispositivo electroacústico, siendo la cima el último corte del disco, un “Glass distortion” fechado en 2015, cuyo comienzo, de una riqueza sonora espectacular, se enmarca directamente en los cauces estilísticos de la música electrónica pura, a través de sus impactantes movimientos cromáticos en glissando lento en el violoncello y sus “explosiones cristalinas” en las cuerdas agudas. Antes, un “Ice reflection” (2014) anticipa esta consecución última mientras que los cuartetos “Liquid crystals” (2011) y “Broken mirrors” (2008 con revisión en 2014) se mantienen en un ámbito más tradicional. Un disco, en definitiva, de merecida escucha como música per se pero que ofrece innumerables dudas acerca de qué se está escuchando.