Audioclasica

04-XI-2017 El engaño de la verdad

© Óscar González

MADRID TEATROS DEL CANAL 2017/2018 Autor, director, coreógrafo y codiseñador de luces: DANIELE FINZI PASCA. Directora creativa, productora y participación en la escritura de textos: JULIE HAMELIN FINZI. Música, diseño de sonido y codiseño de coreografía: MARÍA BONZANIGO. Escenografía y attrezzo: HUGO GARGIULO. Productor ejecutivo y consultor artístico: ANTONIO VERGAMINI. Diseño de vestuario: GIOVANNA BUZZI. Codiseño de luces: ALEXIS BOWLES. Diseño de vídeo: ROBERTO VITALINI. Asistente de dirección y regidora principal: GENEVIÈVE DUPÉRÉ. Diseño de maquillaje y peinado: CHIQUI BARBÉ. Director de producción: MARC LALIBERTÉ. Consultor artístico: FABRIZIO ARIGONI. Investigador: FACUNDO PONCE DE LEÓN. Creador de esculturas coreográficas: TONI VIGHETTO.…

© Óscar González

© Óscar González

MADRID

TEATROS DEL CANAL 2017/2018

Autor, director, coreógrafo y codiseñador de luces: DANIELE FINZI PASCA. Directora creativa, productora y participación en la escritura de textos: JULIE HAMELIN FINZI. Música, diseño de sonido y codiseño de coreografía: MARÍA BONZANIGO. Escenografía y attrezzo: HUGO GARGIULO. Productor ejecutivo y consultor artístico: ANTONIO VERGAMINI. Diseño de vestuario: GIOVANNA BUZZI. Codiseño de luces: ALEXIS BOWLES. Diseño de vídeo: ROBERTO VITALINI. Asistente de dirección y regidora principal: GENEVIÈVE DUPÉRÉ. Diseño de maquillaje y peinado: CHIQUI BARBÉ. Director de producción: MARC LALIBERTÉ. Consultor artístico: FABRIZIO ARIGONI. Investigador: FACUNDO PONCE DE LEÓN. Creador de esculturas coreográficas: TONI VIGHETTO. Creador del cuadrado: MARIÈVE HÈMOND. Coreógrafo del cuadrado: ANNIE-KIM DÉRY. Creador de la rueda Cyr: DANIEL CYR

COMPAÑÍA FINZI PASCA: La Veritá

Aforo (Sala Roja): 843 Asistencia: 95%

Dalí, nada más y nada menos. Al genio del pincel ha recurrido en esta ocasión Finzi Pasca para trasladar al escenario de los Teatros del Canal su trabajo circense, en un nuevo intento por acercar a otro tipo de público la acrobacia, los malabares o el clown. Sin embargo, ni la belleza de la representación que el maestro catalán hizo de Tristán e Isolda, ni el sugerente título seleccionado por la compañía consiguen justificar este desatino escénico.

La propuesta, que ya se había presentado en España en 2013, se antojaba atractiva: una obra de arte inigualable -línea intemporal entre la pintura, el ballet, la ópera y la literatura- reinterpretada con el lenguaje del cuerpo. En este contexto, la versatilidad que caracteriza a la compañía, con sus expertos en contorsionismo, cantantes, bailarines, actores, técnicos, acróbatas y cómicos auguraba un espectáculo cuando menos sorprendente. Sin embargo, la expectativa se convirtió en decepción desde la primera escena, en la que el cuerpo de baile, ataviado al estilo del ballet clásico, evocaba pobremente la decadencia de la revista. A continuación, la combinación de títeres y contorsionismo, con un carácter siniestro y desagradable, dejó al público completamente desconcertado. La compañía ofreció entonces diferentes números acrobáticos de gran dificultad técnica, entre los que cabe destacar la impecable interpretación de los bailarines en el aro aéreo, el número de patines de cuatro ruedas y la expresividad del trabajo en telas aéreas. Para los cambios de escena se optó por el uso de monólogos o diálogos tragicómicos, que no alcanzaban la fuerza esperpéntica necesaria para distraer al espectador de lo que sucedía tras el telón. Con este mismo carácter cómico se desarrollaron algunas escenas teatrales, en una mezcla grotesca entre Monty Python y los Minions, siendo la más inverosímil de todas ellas una dedicada en exclusiva al cambio de vestuario al más puro estilo de los espectáculos de magia.

Hay que reconocer que Daniele Finzi Pasca saca partido a sus elementos escénicos favoritos, ya utilizados por el artista en otros espectáculos creados para el Circo del Sol. Los pulls se colocaron en esta ocasión sobre el piano de cola, en una representación de corte surrealista, y la barra americana sirvió para introducir un número dinámico que contrastaba con los pasajes más melancólicos. Los malabares con aros, pelotas y diábolo se realizaron con precisión, si bien carecían de sentido de conjunto. Las interpretaciones de violín, piano y copas musicales se regodeaban en el obstinato, en una búsqueda fallida de la inquietante iconografía daliniana. Y como instrumento esencial de esta puesta en escena, una vez más las ruedas cyr, y la impresionante escultura Zigrolling, que cobraba nuevas formas bajo las variaciones lumínicas. El vestuario se mantuvo durante toda la representación en los límites del estereotipo y solo en ocasiones se atisbaba una adecuada coordinación entre las telas y el carácter de la pieza.

Es indudable que la compañía hizo una exhibición de alto nivel técnico. Sin embargo, el espectáculo carecía de unidad y ni el magnífico trabajo de luces -con su carácter onírico- ni la introducción esporádica de símbolos dalinianos, como los rinocerontes, las muletas, el torero o el tiempo, consiguieron conferirle un sentido narrativo. Al finalizar, numerosos aplausos para recompensar el esfuerzo de los acróbatas y un público que se marcha preguntándose si esta verdad, refugiada en el surrealismo, ha sido realmente una obra de arte o una mentira camuflada entre bambalinas.

Helena Melero