Audioclasica

17-XI-2017 Efecto sorprendente de un célebre elixir

Wiener Staatsoper / ©Michael Pöhn
Andrea Carroll

VIENA TEMPORADA OPERA. STAATSOPER VITTORIO GRIGOLO, ANDREA CARROLL, ORHAN YILDIZ, ERWIN SCHROTT, HILA FAHIMA. CORO Y ORQUESTA DEL TEATRO. OTTO SCHENK: dirección escénica. GUILLERMO GARCIA CALVO: director musical Donizetti: L’Elisir d’amore Aforo:1.709. Asistencia: Aforo completo El propio charlatán habla en la popular ópera del ‘efecto sorprendente’ de su bebida mágica, aunque sea ‘sólo’ un Bordeaux. Esta vez logró que nuevamente no hubiera una localidad libre y que el público aplaudiera entusiasmado incluso antes de que terminara algún número y no digamos al finalizar el espectáculo. Había dos nombres muy apreciados no sólo aquí, los de Grigolo y Schrott, ambos favoritos…

Wiener Staatsoper / ©Michael Pöhn Andrea Carroll

Wiener Staatsoper / ©Michael Pöhn
Andrea Carroll

VIENA

TEMPORADA OPERA. STAATSOPER

VITTORIO GRIGOLO, ANDREA CARROLL, ORHAN YILDIZ, ERWIN SCHROTT, HILA FAHIMA. CORO Y ORQUESTA DEL TEATRO. OTTO SCHENK: dirección escénica. GUILLERMO GARCIA CALVO: director musical

Donizetti: L’Elisir d’amore

Aforo:1.709. Asistencia: Aforo completo

El propio charlatán habla en la popular ópera del ‘efecto sorprendente’ de su bebida mágica, aunque sea ‘sólo’ un Bordeaux. Esta vez logró que nuevamente no hubiera una localidad libre y que el público aplaudiera entusiasmado incluso antes de que terminara algún número y no digamos al finalizar el espectáculo. Había dos nombres muy apreciados no sólo aquí, los de Grigolo y Schrott, ambos favoritos del público. Si en el caso del segundo la voz y el canto fueron notables (el último lo sería más si no diera rienda suelta a su histrionismo verbal y gestual) y alguno de sus excesos se le pueden pasar por alto porque hace un excelentísimo Dulcamara, el tenor italiano, que cantaba aquí por primera vez el protagonista, presentó una voz oscurecida y por momentos opaca, un buen agudo no siempre emitido de la mejor forma, o con mínimo esfuerzo, su proverbial exuberancia (que a Nemorino no le va demasiado bien) y una falta absoluta de medias voces que la parte requiere y que cuando no tuvo más remedio que intentar (‘Una furtiva lagrima’) fueron penosas.

Wiener Staatsoper / ©Michael Pöhn Vittorio Grigolo

Wiener Staatsoper / ©Michael Pöhn
Vittorio Grigolo

Carroll fue una buena Adina, también muy movediza, cantó bien, con timbre impersonal y metálico, y si Fahima no hubiera sido una Giannetta tan débil, las voces habrían resultado idénticas. En esas condiciones sorteó su gran número final, pero no pudo darle el relieve que tiene. Debutaba en Belcore un miembro del elenco estable del Teatro, el barítono Orhan Yildiz: voz modesta, no demasiado timbrada, limitada en volumen, agudo y proyección, aunque más capaz de realizar las agilidades del dúo del segundo acto (‘Venti scudi?’) de modo mucho más preciso que su famoso colega. Todos agregaron sus palabras, frases, gestos, en la venerable puesta en escena de Otto Schenk, de la que es claro que no queda casi nada más que una escena única muy bonita. El coro, preparado por Martin Schebesta (no entiendo por qué tantos maestros de coro distintos), estuvo algo impreciso en la articulación y en la precisión de entradas (en particular el sector masculino) hasta el concertante final del primer acto y luego siguió bien. García Calvo hizo una lectura de trazo grueso y muchas veces uno podía pensar (introducción por ejemplo) que estaba ante una ópera seria. Hubo algunos momentos conseguidos, otros no tanto.

Jorge  Binaghi