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02-I-2018 Triunfal regreso de Andrea Chénier en La Scala

©Brescia/Amisano - Teatro alla Scala. Escena del segundo acto de Andrea Chénier

MILÁN Temporada de ópera 2017/2018. Teatro alla Scala YUSIF EYVAZOV, ANNA NETREBKO, LUCA SALSI, MARIANA PENTCHEVA, ANNALISA STROPPA, JUDIT KUTASI, GABRIELE SAGONA. ORCHESTA Y CORO DEL TEATRO ALLA SCALA. MARIO MARTONE, DIRECCIÓN DE ESCENA. RICCARDO CHAILLY, DIRECCIÓN MUSICAL Giordano: Andrea Chénier Aforo: 2.222 Asistencia: 99% Riccardo Chailly para su tercer estreno de temporada del Teatro alla Scala ha escogido una ópera calve de la que la musicología italiana e internacional denomina como la “giovane scuola”; una serie de obras de varios autores (entre ellos Giacomo Puccini, Umberto Giordano, Francesco Cilea, Pietro Mascagni y Ruggero Leoncavallo) que intentaron a finales del…

©Brescia/Amisano - Teatro alla Scala. Escena del segundo acto de Andrea Chénier

©Brescia/Amisano – Teatro alla Scala. Escena del segundo acto de Andrea Chénier

MILÁN

Temporada de ópera 2017/2018. Teatro alla Scala

YUSIF EYVAZOV, ANNA NETREBKO, LUCA SALSI, MARIANA PENTCHEVA, ANNALISA STROPPA, JUDIT KUTASI, GABRIELE SAGONA. ORCHESTA Y CORO DEL TEATRO ALLA SCALA. MARIO MARTONE, DIRECCIÓN DE ESCENA. RICCARDO CHAILLY, DIRECCIÓN MUSICAL

Giordano: Andrea Chénier

Aforo: 2.222 Asistencia: 99%

Riccardo Chailly para su tercer estreno de temporada del Teatro alla Scala ha escogido una ópera calve de la que la musicología italiana e internacional denomina como la “giovane scuola”; una serie de obras de varios autores (entre ellos Giacomo Puccini, Umberto Giordano, Francesco Cilea, Pietro Mascagni y Ruggero Leoncavallo) que intentaron a finales del XIX renovar los fastos de la producción operística italiana de la primera mitad del siglo. Andrea Chénier, estrenada en 1896, es sin duda una de las más famosas pero que por diferentes motivos se ha representado con menos frecuencia en los coliseos en las últimas décadas después de haber sido un título clave del repertorio entre los años Cuarenta y Sesenta del siglo pasado. La interpretación de Chailly pone en primer plano la idea que en la dramaturgia de Andrea Chénier no hay nada relacionado con el “Verismo” (como por ejemplo en Cavalleria rusticana o Pagliacci), en el sentido de la importancia dada al énfasis ejecutivo y al crudo realismo en la escena. El argumento del libretista Luigi Illica así como el entramado orquestal de Giordano (y no sólo éste) son el motor de un dinamismo sin pausas y sorprendente que dicta un tiempo de la acción rápido, variado y totalmente ausente de complacencias musicales y argumentales típicas del “Verismo”. El resultado es una mirada casi ‘cinematográfica’ aportada por los autores y donde el compositor parece prescindir de momentos musicales bellos por si solos, así como inertes, a los que sustituye un casi perfecto montaje de situaciones liricas dentro de una recitativo continúo acompañado por una orquesta llena de detalles instrumentales. Seguramente a Giordano le falta la inagotable invención musical y la natural predisposición a la melodía de Puccini (sin duda el verdadero genio musical italiano de su época) y su obra sufre a menudo de momentos no completamente logrados, sin embrago el realismo dramático de Andrea Chénier consigue capturar la atención del espectador en cada momento de su desarrollo.

©Brescia/Amisano - Teatro alla Scala. Yusif Eyvazof y Anna Netrebko en una escena del primer acto de Andrea Chénier

©Brescia/Amisano – Teatro alla Scala. Yusif Eyvazof y Anna Netrebko en una escena del primer acto de Andrea Chénier

De este ‘realismo’ sinfónico-vocal la concertación de Riccardo Chailly ha conseguido una traducción perfecta, empezando por la decisión de no interrumpir el flujo orquestal sin dejar espacio a los aplausos después de los solos de los cantantes, en simbiosis con los cambios de escena a vista ideados en la puesta en escena de Mario Martone con la escena de Margherita Palli. La interpretación del director milanés (acompañado por una fenomenal orquesta y un coro, como siempre, impecable) fue muy variada, viva y capaz de sacar perfectamente a luz las diferencias dentro del tempo dramático-musical, sin olvidar la atención dada a las suspensiones liricas que afloran dentro de la partitura. Una lectura que, aun manteniendo inalterada la vertiente realista, intentó también aportar a la obra una llave casi ‘belcantista’, sobre todo en el trabajo con los cantantes. De esta reinvención fue intérprete sobre todo el tenor Yusif Eyvazof (en su debut en La Scala) en el papel del protagonista Andrea Chénier. Sin duda su timbre no fue de los más cautivantes faltándole también un peculiar carisma, pero tuvo el mérito de encontrar una dimensión lirica acertada caracterizada por momentos apasionados juntos a retenciones liricas, inclusive en los monólogos más intensos. Carisma y personalidad que no faltaron sin embargo a Anna Netrebko (Maddalena), en cierta dificultad con un papel demasiado dramático para su voz, pero capaz de sacar un magnetismo escénico y vocal que no tiene comparación en el panorama operístico de hoy en día. Muy logrado el Gerarad de Luca Salsi con voz y una presencia escénica ideales para el papel, pese a una zona grave que sigue teniendo un timbre poco agradable y a una dicción no siempre perfecta. Excelentes todos los comprimarios con una nota de mérito para la Madelon de Judit Kutasi.

©Brescia/Amisano - Teatro alla Scala. Luca Salsi y Yusif Eyvazof en la escena del tribunal en el tercer acto de Andrea Chénier

©Brescia/Amisano – Teatro alla Scala. Luca Salsi y Yusif Eyvazof en la escena del tribunal en el tercer acto de Andrea Chénier

La puesta en escena de Mario Martone situó la acción en un siglo dieciocho más ideal que realista consiguiendo mantener vivo el dramatismo de libreto y de la partitura sin inútiles o excesivas invenciones como a menudo se ven en los escenarios en estos días. La revolución francesa se convierte para Martone sólo en el telón de fondo de la tragedia de los personajes que viven cada uno (sobre todo Gerarad) una profunda crisis de identidad. La presencia constante de espejos que reflejan su imagen, solo aparente, y que se convierten en trasparentes dejando ver la verdadera realidad del alma es sólo uno de los elementos (siempre muy sutiles) de una regie muy atenta al detalle y siempre fiel al dictado de la música. Magníficos los trajes de Ursula Patzak y cautivante el juego de luces de Pasquale Mari. Éxito triunfal para todos al final de la velada como hace tiempo no se oía en la sala del Piermarini.

Gian Giacomo Stiffoni