Audioclasica

21-II-2018 En la variedad está el gusto

Olga Peretyatko y en el Palau de la Música de Valencia. Créditos: Eva Ripoll.

Valencia Invierno 2018. Abono 23. Palau de la Música. Sala Iturbi OLGA PERETYATKO-MARIOTTI, soprano. GIULLIO ZAPPA, piano. Obras de Mozart, Scriabin, Schubert, Verdi, Glinka, Rajmáninov, Donizetti, Chopin, Bellini y Rossini. Aforo: 1.817 Asistencia: 80 % La relación de Olga Peretyatko con Valencia viene de lejos. Ella misma ha recordado estos días que estrenó la Sala Martín y Soler del Palau de Les Arts con un oratorio de dicho compositor. En este coliseo fue Waldvogel (el Pájaro del bosque de Siegfried) y participó en el Don Carlo de Lorin Maazel. Después ofreció un recital tan ecléctico como el que comentamos. Incluyó…

Olga Peretyatko y en el Palau de la Música de Valencia. Créditos: Eva Ripoll.

Olga Peretyatko y Giulio Zappa en el Palau de la Música de Valencia. Créditos: Eva Ripoll.

Valencia

Invierno 2018. Abono 23. Palau de la Música. Sala Iturbi

OLGA PERETYATKO-MARIOTTI, soprano. GIULLIO ZAPPA, piano.

Obras de Mozart, Scriabin, Schubert, Verdi, Glinka, Rajmáninov, Donizetti, Chopin, Bellini y Rossini.

Aforo: 1.817 Asistencia: 80 %

La relación de Olga Peretyatko con Valencia viene de lejos. Ella misma ha recordado estos días que estrenó la Sala Martín y Soler del Palau de Les Arts con un oratorio de dicho compositor. En este coliseo fue Waldvogel (el Pájaro del bosque de Siegfried) y participó en el Don Carlo de Lorin Maazel. Después ofreció un recital tan ecléctico como el que comentamos. Incluyó algunas de las piezas rusas escuchadas aquí, junto a Quejas o La maja y el ruiseñor de Granados, una de las pocas páginas españolas de su repertorio. Entre sus planes, el valenciano Gustavo Gimeno la dirigirá el próximo junio en Alemania en un concierto con la Wiener Symphoniker.

De todo aquello ha pasado casi una década, lo que para Peretyatko ha supuesto un sólido crecimiento. Aquella treintañera ha vuelto convertida en una dama del bel canto, cercana al público en el concierto y a sus fans a través de las redes sociales. Con ellas quiere transmitir mensajes positivos y conocer de primera mano su opinión. En este tiempo ha debutado en los grandes teatros y festivales europeos y recibió el espaldarazo definitivo de Alberto Zedda. Una maduración que implica el agrandamiento de un sonido homogéneo, afinado siempre, preciso y ancho en los agudos. Ágil en los adornos y capaz de llenar con creces, y poco esfuerzo, una sala de casi dos mil butacas. Su proyección llama la atención, lo cual no siempre redunda en la inteligibilidad de los textos.

El recital presentaba una premedita segmentación. Mozart sirvió de introducción: “Dove sono i bei momenti” de Le nozze de Figaro, preparación de su debut como Condesa de Almaviva en Hamburgo, y “Martern aller Arten” de El rapto en el serrallo. En una sección central encontramos a tres Margaritas: Gretchen am Spinnrade de Schubert, Perduta ho la pace de Verdi y La canción de Margarita de Glinka. Un ejercicio interesante que hubiera requerido el silencio del público, y no sus aplausos entre título y título, para apreciar mejor su continuidad expresiva. Los últimos versos de Schubert sonaron extremadamente piano. En Verdi, la soprano contrastó las tribuladas estrofas con la progresiva languidez de cada estribillo, hasta desfallecer. Seguidamente apareció Rajmáninov con Vocalise, a la que se le pudo sacar más partido tímbrico, y una hermosa, en su melancolía, Mi bella no canta ante mí. Por último, en Aguas primaverales la solista desplegó todo su potencial sonoro.

En la segunda parte aparecimos en un salón burgués. En ella fue donde Peretyatko lució más gracias a páginas propiamente belcantistas: Lucia di Lammermoor, Linda di Chamounix, Norma, Il viaggio a Reims y Semirade. En todas lució filados agudos, delicados portamenti y grácil coloratura. La soprano dedicó al de Pésaro las dos últimas arias (“All’ombra amena” y “Bel raggio lusinghier”), quizá la parte de su repertorio más alabada desde Matilde di Shabran. También Giulio Zappa contribuyó a esta ambientación. En la primera parte presentó una notable y chopiniana Mazurca nº 4 en mi mayor, op. 3, de Alexander Scriabin, cuya buena factura se prolongó en otras dos de Chopin, la nº 3 y la nº 4 del op. 67, y en “Une caresse à ma femme” de los Péchés de villesse rossinianos.

Daniel Martínez Babiloni