Warning: filemtime(): stat failed for https://www.audioclasica.com/wp-content/themes/report/css/main.scss.php in /home/audiocla/public_html/wp-content/themes/report/functions/wp-sass/wp-sass.php on line 119

Warning: filemtime(): stat failed for https://www.audioclasica.com/wp-content/themes/report/css/main.scss.php in /home/audiocla/public_html/wp-content/themes/report/functions/wp-sass/wp-sass.php on line 127

Audioclasica

26-II-2018 Sólo Sokolov lo sabe

MADRID CICLO GRANDES INTÉRPRETES 2018. FUNDACIÓN SCHERZO AUDITORIO NACIONAL DE MÚSICA DE MADRID. SALA SINFÓNICA 26-II-2018 GRIGORY SOKOLOV, piano Obras de Haydn y Schubert Aforo: 2.324  Asistencia: 90% Veinte años lleva Sokolov recalando en Madrid, dieciocho ediciones para el ciclo de Scherzo, se dice pronto, veinte años ya asombrándonos, deslumbrándonos y emocionándonos. Un ambiente de gran ocasión, motivo de celebración para todo el mundo, aunque Sokolov continúe a lo suyo, circunspecto, gen antidivo de héroe discreto por auténtico. Porque habla poco, prefiere hacerlo ante el piano, y el público enmudece, como la Sala Sinfónica del Auditorio, inusual, es el mejor…

Crédito: AMC

Crédito: AMC

MADRID

CICLO GRANDES INTÉRPRETES 2018. FUNDACIÓN SCHERZO

AUDITORIO NACIONAL DE MÚSICA DE MADRID. SALA SINFÓNICA

26-II-2018 GRIGORY SOKOLOV, piano

Obras de Haydn y Schubert

Aforo: 2.324  Asistencia: 90%

Veinte años lleva Sokolov recalando en Madrid, dieciocho ediciones para el ciclo de Scherzo, se dice pronto, veinte años ya asombrándonos, deslumbrándonos y emocionándonos. Un ambiente de gran ocasión, motivo de celebración para todo el mundo, aunque Sokolov continúe a lo suyo, circunspecto, gen antidivo de héroe discreto por auténtico. Porque habla poco, prefiere hacerlo ante el piano, y el público enmudece, como la Sala Sinfónica del Auditorio, inusual, es el mejor caramelo para la tos, que estallaba como un volcán a cada pausa. Según palabras del interesante y singular James Rhodes, incluidas en las notas al programa: “Sé que es una afirmación atrevida, pero Sokolov es el pianista más grande del mundo, hace cosas con el piano humanamente imposibles”. Órdago, y con toda seguridad uno de los más grandes de todos los tiempos, que hace mucho ya empezó a codearse con los Rubinstein, Richter, Horowitz, de la Rocha, Arrau…aunque el mundo ahora, por desgracia, no es muy consciente de lo que eso significa. Pero Sokolov es ajeno a los vítores, sigue entonado la de al pasar la barca: “ni soy bonita ni lo quiero ser” ¿Cómo se verá a sí mismo? Sólo Sokolov lo sabe. No era intención aquí elogiar por enésima vez, es inevitable, aunque las palabras realmente ya no alcancen.

Su programa presentaba díptico Haydn-Schubert, menú degustación, delicatesen. Y del de Estherházy, tres sonatas sin solución de continuidad: Sonata (Divertimento) nº32 op. 53 nº4 en Sol menor Hob. XVI: 44, Sonata (Divertimento) nº47 op.14 nº6 en Si menor Hob. XVI: 32 y Sonata nº49 op.30 nº2 en Do sostenido menor Hob. XVI: 36. Sokolov, orfebre y prestidigitador del teclado, encogió el pulso en los tempi más vivos, compensados con el resto, pausa exquisita para paladear cada frase, sonoridad límpida, transparente, depurada hasta lo imposible, amalgama de colores y planos dinámicos en un Haydn tan delicado como intenso, profundo y contenido cuando no drámatico, modo menor o Sturm und Drang mediante.

Como la primera de ellas en Sol menor y su Allegretto, trinos perfectos y un fraseo extraterrenal. O la claridad formal del Allegro moderato de la sonata en Si menor, como si se pudiese ver lo escrito en el propio sonido. La última, quizá la más compleja, deslizó un ligero rubato para acomodar la articulación y los contrastes de expresión, fluidez inefable como resultado. El Scherzando y Minuet finales, plenos de carácter, atendidos desde su exigencia rítmica. Un perfume de esencias haydnianas, interpretación inspiradora y modélica. Cuánto hubiera disfrutado el bueno de Jospeh escuchando sus composiciones interpretadas con semejante profusión y sabiduría por parte del pianista ruso.

Y turno para Schubert, asiduo en los programas. Los Cuatro Impromptus op. 142, D. 935, otro monumento pianístico erigido por el vienés, una vez más encumbrado por Sokolov. Lección de interpretación, desde la pureza de lo imperfecto hasta la profundidad insondable de su expresión, naturalidad de impronta personal e intransferible. Schubert continuaría la senda de Haydn, así fue el primero, sutil y equilibrado, también pleno de intensidad. Cada ataque buscando la idea de lo reflejado en una partitura de expresión fluctuante, y cada gesto bajo esa idea. Sokolov no interpreta, recompone. Seguía el celebérrimo y controvertido Allegretto, siempre ante el riesgo a caer en lo pesante o inclinarse hacia lo precipitado en su tempo. Sokolov encontró el camino, con el peso de su lectura volcado en la articulación y los contrastes dinámicos, voilà, tempo natural ajustado a la necesidad de su expresión, ni más ni menos. Cada fragmento halla su justo relieve. Sin hablar de la aparente sencillez con la que lo logra, siempre con Schubert en primer plano. Lo mismo en el tema y variaciones del tercero. Sumo cuidado, incluso ante tal preciosismo sonoro pudo resentirse la intensidad, cierta falta de contundencia compensada, si era menester, por la fluidez y la agilidad entre variaciones, con especial impulso rítmico las dos últimas. Maestro de maestros. Inalcanzable. Último de la serie, el Allegro scherzando, sonrisa enigmática schubertiana, revelada por Sokolov al iluminar el contorno melódico desde su preclaro recorrido armónico. Sesión de hipnosis, es como un médium que invoca el lado oculto de la música para despertar después en el éxtasis del bravo, grito unánime, Madrid, rendido una vez más al hombre venido de Rusia, pianista entre pianistas. ¿Cómo se puede llegar a tocar así? Sólo Sokolov lo sabe.

Pero con Sokolov no hay dos sin tres, su ya clásica tercera parte del programa, las propinas, seis, por si acaso nos quedamos con ganas. Generosidad infinita. Chopin y Rameau alternados, dos de cada, la segunda del polaco su Preludio nº 15 en Re bemol mayor “La gota de agua”, que bien podría haber hecho las veces de merecido homenaje al recientemente desaparecido Javier Alfaya, a cuya memoria se dedicaba la velada. Incertidumbre ante la penúltima, para averiguar finalmente que se trataba de un pequeño vals de un tal Alekandr Griboyédov, trasunto ruso coetáneo de Schubert hasta en lo breve de su existencia. Hermosa y sencilla piececita. Un placer. No deja de sorprendernos y además nos descubre cosas. Con Scriabin ponía punto y final, algunos pedían más, pero aunque no lo parezca, Sokolov también es humano.

Veinte años, ya se le espera para el próximo y otros veinte más. No es exagerado. Ahí siguen brillando los Achúcarro a su ochenta y cinco o Menahem Pressler con noventa y cuatro. Lo dicho, sólo Sokolov lo sabe.

Juan Manuel Rodríguez Amaro

essay writing servicepay for essaybuy custom essays