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21-IV-2018 Importante pero desenfocada exhumación

MILÁN TEMPORADA OPERA. TEATRO ALLA SCALA MARÍA JOSÉ SIRI, MARCELO PUENTE, GABRIELE VIVIANI, LUCIANO GANCI, ALISA KOLOSOVA, IDUNNU MÜNCH, ELIA FABBIAN. CORO Y OARQUESTA DEL TEATRO. DAVID POUNTNEY: dirección escénica. FABIO LUISI: director musical Zandonai: Francesca da Rimini  Aforo:3.200. Asistencia: 60% Si pasados casi sesenta años alguien piensa quebrar una lanza por este autor y este repertorio, una obra maestra del decadentismo musical italiano, tendrá todo mi apoyo. Pero tendrá que ir con cuidado. Si Olivero y Del Monaco en 1959 no consiguieron que la ópera se impusiera al menos por un tiempo en el repertorio esta versión significará probablemente…

© Brescia/Amisano

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MILÁN

TEMPORADA OPERA. TEATRO ALLA SCALA

MARÍA JOSÉ SIRI, MARCELO PUENTE, GABRIELE VIVIANI, LUCIANO GANCI, ALISA KOLOSOVA, IDUNNU MÜNCH, ELIA FABBIAN. CORO Y OARQUESTA DEL TEATRO. DAVID POUNTNEY: dirección escénica. FABIO LUISI: director musical

Zandonai: Francesca da Rimini

 Aforo:3.200. Asistencia: 60%

Si pasados casi sesenta años alguien piensa quebrar una lanza por este autor y este repertorio, una obra maestra del decadentismo musical italiano, tendrá todo mi apoyo. Pero tendrá que ir con cuidado. Si Olivero y Del Monaco en 1959 no consiguieron que la ópera se impusiera al menos por un tiempo en el repertorio esta versión significará probablemente la última vez en mucho más tiempo –si no la última en absoluto- que la Francesca se represente aquí. No porque haya sido mala o floja, sino porque no ha sido lo suficientemente buena. Y la poca afluencia de público parece demostrarlo (era la tercera representación y menudeaban –cada vez más- los extranjeros, que parecían más interesados que los locales probablemente porque leían la traducción y no el famoso texto de D’Annunizo, siempre retórico y con momentos maravillosos, pero con mucho palabrerío, mucho vocablo exótico o artificioso, que si en su momento fue un punto de fuerza de la ópera hoy la avejenta lo suficiente como para que se le vean las arrugas).

© Brescia/Amisano

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La nueva producción de Pountney no fue mala, pero tampoco bueno: fue tan fría y marmórea como la gran cabeza estilo Canova –que no parecería el más adecuado para época y música y texto- que preside desde el fondo el escenario. El gigantesco libro sobre el que se consuma el amor de los adúlteros o el ataque al castillo de Giovanni y sus hermanos son buenos momentos, pero no alcanzan a compensar por un final flojísimo y un primer acto un tanto caprichoso (la muerte del juglar –o su asesinato- es innecesaria y el texto pide lo contrario).

Pero siempre fue difícil ‘creer’ en los personajes y una buena idea puede darla el hecho de que salieron mejor parados los personajes perversos y brutales (Giovanni y Malatestino) que los positivos. Viviani fue de lejos el mejor en un personaje que parece hecho a su medida y a la de su resonante voz baritonal, pero Ganci, con un papel más breve y vocalmente tan cruel como su psicología retorcida, es probable que tenga una buena carrera por delante (es un tenor lírico). Los secundarios oscilaron entre lo discreto y lo correcto (Münch, Kolossova) y el juglar de Fabbian fue bueno pese a tener que luchar con una tesitura de bajo, él que es barítono. Pero los amantes carecieron de relieve. Siri no es mala, sino muy profesional, pero ni por timbre, intensidad de fraseo y actuación, figura, puede ser nunca una Francesca de importancia. Puente fue una solución de último momento ante la importuna enfermedad que impidió a Roberto Aronica hacerse cargo de la parte de Paolo, que era una idea muy interesante. Puente tiene apostura, se mueve discretamente, tiene algunos agudos buenos, otros no tanto, la emisión es más que perfectible y por lo mismo el volumen es irregular. El coro estuvo bien sin esforzarse tal vez demasiado salvo en algún momento del segundo acto. La orquesta estuvo soberbia, pero no sólo por su estado envidiable, sino por el lujo que fue tener a un Luisi que tiene una afinidad especial con este período y que la hizo sonar con toda la sensualidad y los matices necesarios sin jamás cubrir las voces o usar la enorme paleta orquestal en detrimento del escenario. Los aplausos casi inexistentes al final de los actos tuvieron algo más de calor al salir los artistas a saludar solos y conjuntamente.

Jorge  Binaghi

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