Audioclasica

10-VI-2018 De nuevo el ‘Ur-Boris’

© Agathe Poupeney

PARÍS TEMPORADA OPERA. OPÉRA DE PARIS (Bastille) ABDRAZAKOV, PASTER, ANGER, GOLOVNIN, NIKITIN, EFIMOV. CORO Y ORQUESTA DEL TEATRO. Director: JUROWSKI. Puesta en escena: VAN HOVE M.Mussorgski: Boris Godunov Aforo: 2700. Asistencia: 100% Hacía tiempo que no aparecía por aquí la que en general se considera obra cumbre de su autor y del repertorio ruso. Lo hizo, lamentablemente, en la versión ‘original’ de 1869. Fue bueno conocerla y Gergiev hizo realmente un gran servicio cuando la puso en circulación en Occidente. Lo malo es que se ha convertido en moda y con el pretexto de ‘la voluntad del autor’ nos quedamos sin algunas…

© Agathe Poupeney

© Agathe Poupeney

PARÍS

TEMPORADA OPERA. OPÉRA DE PARIS (Bastille)

ABDRAZAKOV, PASTER, ANGER, GOLOVNIN, NIKITIN, EFIMOV. CORO Y ORQUESTA DEL TEATRO. Director: JUROWSKI. Puesta en escena: VAN HOVE

M.Mussorgski: Boris Godunov

Aforo: 2700. Asistencia: 100%

Hacía tiempo que no aparecía por aquí la que en general se considera obra cumbre de su autor y del repertorio ruso. Lo hizo, lamentablemente, en la versión ‘original’ de 1869. Fue bueno conocerla y Gergiev hizo realmente un gran servicio cuando la puso en circulación en Occidente. Lo malo es que se ha convertido en moda y con el pretexto de ‘la voluntad del autor’ nos quedamos sin algunas otras maravillas que Mussorgski agregó, no parece que con un revólver en el pecho. Curiosamente, la obra se hace así más corta (de paso no hay intervalo), no requiere de una mezzo, un tenor y un barítono (Rangoni) de primer nivel, y además de cargarse el acto polaco (yo no me quejo, la última vez que lo vi fue en Salzburgo con Borodina, Larin y Gergiev), nos quedamos sin el cuadro de Kromy y las canciones de los hijos del zar y de la nodriza en el segundo acto. No me parece que así se obtenga más unidad ni la acción se centre más en la figura del zar. Por el contrario hay una cierta uniformidad que no consigue hacer olvidar el carácter fragmentario de ‘cuadros’.

© Agathe Poupeney

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Y la visión sombría de Ivo van Hove (sólo algún detalle oportunamente rojo en un mar de negros y grises con alguna camisa blanca, rigurosamente contemporáneas, mientras el inocente lleva por todo vestido un taparrabos blanco casi como un Cristo en la cruz) que incluye las sillas negras y otros elementos de vestuario y escenografía (no demasiados, porque lo que prolifera son las proyecciones, muy interesantes, mientras el escenario agrupa al pueblo, pero deja sueltos a varios ‘Dimitris’ que agobian al zar y acompañan a Pimen) no se puede decir que haga mucho por crear dinamismo o un sentimiento de participación en los acontecimientos: todo se observa a través de prismáticos, en mi impresión.

La dirección de Vladimir Jurowski es muy buena, digamos muy ‘moderna’ en el sentido de ser ‘aséptica’, casi cruel, muy pensada, y en ese aspecto está de acuerdo con la puesta en escena. Sin embargo, y pese a su férrea mano (la orquesta obedece con exactitud a cada gesto), deja entrever momentos de lirismo o de exasperación que permiten reconciliarse con la obra. El coro está fantástico bajo la dirección de Basso y responde bien a las exigencias de van Hove de comportarse como un grupo voluble y maldiciente.

© Agathe Poupeney

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No sé si por el concepto de la puesta, pero los cantantes, todos buenos en diverso grado, tampoco parecen demasiado identificados con sus papeles. El caso más flagrante es el de Ildar Abdrazakov, un notable cantante que resulta menos carismático en el papel por excelencia de su cuerda y de su lengua que en el jefe huno verdiano, y no creo que se trate de una limitación del bajo. Porque mejor está, en su interpretación, el hierático y siniestro Pimen de Ain Anger, magnífico vocalmente. Chouisky es un personaje escalofriante y aunque eso aquí está bien marcado, Maxim Paster no tiene siempre el caudal suficiente. Lo mismo, en mayor escala y con un timbre deslucido, ocurre con Evdokia Maievskaia en el zarevitch Feodor. Del resto de las poco importantes figuras femeninas destaca la hostelera de Elena Manistina. El Grigori (no llega aquí a ser falso Dimitri) de Dmitri Golovnin es bueno, pero nunca sabremos si puede llegar a serlo con el ‘agregado’ del tercer acto. Muy bueno el Inocente de Vasily Efimov, como asimismo el Varlaam de Evgeni Nikitin. Los demás, adecuados, con una mención para Peter Bronder (Missail, el compañero de aventuras de Varlaam) y sobre todo el Chelkalov de Boris Pinkhasovich. Teatro repleto y buen nivel de aplausos.

Jorge Binaghi