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23-II-2019 La inmejorable Cenerentola de Ponnelle encanta una vez más La Scala

MILÁN Temporada de ópera 2018/2019. Teatro alla Scala MARIANNE CREBASSA, NICOLA ALAIMO, CARLOS CHAUSSON, MAXIM MIRONOV, ERWIN SCHROTT, ANNA-DORIS CAPITELLI, TSISANA GIORGADZE. ORCHESTA Y CORO DEL TEATRO ALLA SCALA. JEAN-PIERRE PONNELLE/GRISCHA ASAGAROFF, dirección de escena. OTTAVIO DANTONE, dirección musical. Rossini: La Cenerentola Aforo: 2.222 Asistencia: 99% Cinco años después de la muerte de Claudio Abbado, el Teatro alla Scala (del que Abbado fue director titular desde 1968 a 1985) ha decidido recordar al gran director italiano con la puesta en escena de uno de los cuatro títulos rossinianos que han marcado su carrera en el coliseo milanés: La Cenerentola. Por…

©Brescia/Amisano – Teatro alla Scala. Escena final de primer acto acto de La Cenerentola

MILÁN

Temporada de ópera 2018/2019. Teatro alla Scala

MARIANNE CREBASSA, NICOLA ALAIMO, CARLOS CHAUSSON, MAXIM MIRONOV, ERWIN SCHROTT, ANNA-DORIS CAPITELLI, TSISANA GIORGADZE. ORCHESTA Y CORO DEL TEATRO ALLA SCALA. JEAN-PIERRE PONNELLE/GRISCHA ASAGAROFF, dirección de escena. OTTAVIO DANTONE, dirección musical.

Rossini: La Cenerentola

Aforo: 2.222 Asistencia: 99%

Cinco años después de la muerte de Claudio Abbado, el Teatro alla Scala (del que Abbado fue director titular desde 1968 a 1985) ha decidido recordar al gran director italiano con la puesta en escena de uno de los cuatro títulos rossinianos que han marcado su carrera en el coliseo milanés: La Cenerentola. Por la ocasión Pereira ha decidido recurrir a la famosa puesta en escena de Jean-Pierre Ponelle estrenada en el lejano 1973 y que Abbado dirigió con éxito marcando (junto con Il barbiere di Siviglia y La italiana in Algeri, ambas igualmente puestas en escena por Ponnelle) el inicio de la Rossini renaissance, gracias también a otras tres reposiciones de la misma producción en 1974, 1975 y 1982. A menudo es un riesgo retomar viejas puestas en escena (en esta ocasión por mano de Grisha Aasagaroff), ya que pueden sufrir el pasar del tiempo, todavía más si pensamos que han pasado cuarenta y seis años desde su estreno. No ha sido así. El espectáculo conserva de hecho intactas su vitalidad, su elegancia y simplicidad siendo capaz de atrapar constantemente al espectador. Aspecto éste nada simple ya que la ópera de Rossini alterna momentos logrados con muchos otros que no consiguen convencer del todo, causa cierta monotonía y escasa inspiración. Pese a esto las ideas de Ponnelle – dentro de un marco escénico que convierte el palacio de Don Magnifico y el del príncipe de Salerno en una fuga de bastidores en estilo siglo XVIII – consiguen vitalizar la partitura ya que la gestualidad se encarga en todo momento de subrayar las invenciones de la partitura aun más que la dramaturgia, algo frágil.

©Brescia/Amisano – Teatro alla Scala. Marianne Crebassa y Maxim Mironov en el segundo acto de La Cenerentola

©Brescia/Amisano – Teatro alla Scala. Nicola Alaimo en el papel de Dandini en el primer acto de La Cenerentola

La dirección de Ottavio Dantone fue convincente en todo momento con una elección de tiempos muy vivaz y adamantina y sobre todo con un control perfecto de cada una de las diferentes secciones de la orquesta. Una nota de merito merece, bajo este aspecto, la sección de viento que estuvo en verdadero estado de gracia. La protagonista Marainne Crebassa, en el papel de Angelina/Cenerentola, tuvo una actuación que fue de menos a más en el primer acto, alcanzado con el pasar de los minutos una seguridad vocal que parecía algo comprometida al inicio de la velada. Muy logrado el famoso Rondó final, aunque no consiguió enganchar demasiado al público del teatro. Por lo contrario, fueron perfectos en todo momento el bajo español Carlos Chausson (Don Magifico), excelente por voz y capacidad de actor, y el Dandini de Nicola Alaimo, el verdadero triunfador de la velada. Su actuación se desmarcó por afinidad total con el papel, una envidiable presencia escénica y un perfecto estilo rossiniano. Maxim Mironov es sin duda uno de los mejores tenores ligeros del momento, por elegancia y timbre. Aspectos que ha demostrado sin compromisos a lo largo de toda la ópera pese a interpretar un papel, el de Don Ramiro, poco logrado por Rossini y a una voz que a momentos no consiguió llenar debidamente el amplio coliseo milanés. Erwin Schrott como Alidoro, deus ex machina de los acontecimientos, lució su cálida y aterciopelada voz en su única aria del primer acto. Finalmente, entre las dos hermanastras de Cenicienta lució más Anna Doris Capitelli como Tisbe que la Clorinda de Tsisana Giorgadze.

Aplausos convencidos para todos al final de la velada (incluido el director del excelente coro de la Scala, Bruno Casoni) con un teatro totalmente agotado en entradas.

Gian Giacomo Stiffoni

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