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8.III.2019 Ópera barroca: espectáculo total

BARCELONA Gran Teatre del Liceu. Temporada 2018-2019 OROPESA, MEHTA, PRIETO, COOKE, THOMSON, MARGHERI. ORQUESTRA SIMFÒNICA DEL GRAN TEATRE DEL LICEU. JOSEP PONS, dirección musical. CLAUS GUTH, dirección escénica. CHRISTIAN SCHMIDT, escenografía y vestuario. Georg Friedrich Händel: Rodelinda Aforo: 2286 Asistencia: 85% A dos años de distancia de su presentación en el Teatro Real madrileño, subía a la escena del Gran Teatre del Liceu la Rodelinda, de Händel, en coproducción con las óperas de Frankfurt y Lyon y dirección escénica del siempre controvertido Claus Guth, quien no dejó de recordar, en su recreación de un espacio doméstico laberíntico y opresivo, cambiantes…

© A. Bofill. Acto I. Mehta-Thomson

BARCELONA

Gran Teatre del Liceu. Temporada 2018-2019

OROPESA, MEHTA, PRIETO, COOKE, THOMSON, MARGHERI. ORQUESTRA SIMFÒNICA DEL GRAN TEATRE DEL LICEU. JOSEP PONS, dirección musical. CLAUS GUTH, dirección escénica. CHRISTIAN SCHMIDT, escenografía y vestuario.

Georg Friedrich Händel: Rodelinda

Aforo: 2286 Asistencia: 85%

A dos años de distancia de su presentación en el Teatro Real madrileño, subía a la escena del Gran Teatre del Liceu la Rodelinda, de Händel, en coproducción con las óperas de Frankfurt y Lyon y dirección escénica del siempre controvertido Claus Guth, quien no dejó de recordar, en su recreación de un espacio doméstico laberíntico y opresivo, cambiantes en perspectiva, y en la jerarquización espacial para la distribución de personajes y escenas, la propuesta presentada en el escenario liceísta para el Lucio Silla mozartiano de hace siete temporadas. Los matices lumínicos y cromáticos restringidos y la sencilla resolución de las ambientaciones alternativas recogidas en el libreto se ajustan bien a la movilidad total o interna del único espacio propuesto, en ocasiones reiterativa en su subrayado de los cambios de secciones o números vocales, y la profusión de acciones paralelas o la búsqueda de una forzada dimensión cómica, como en el inicio del acto segundo, disminuyen el interés de una visión escénica que abusa de una clave interpretativa cuya sugerencia se agota por su omnipresencia: la adopción del punto de vista de un personaje secundario (Flavio, el hijo de Rodelinda y Bertarido) y de su invasivo imaginario infantil a lo largo de toda la ópera por medio de dibujos videoproyectados y de su omnipresente movimiento y gesticulación en escena.

© A. Bofill. Acto II: Margheri-Cooke-Oropesa

Del reparto, poblado de debutantes, cabe sin duda destacar la encarnación del personaje titular por Lisette Oropesa, de notable cuerpo vocal, registro muy homogéneo y segura en la zona aguda y en la ornamentación de las secciones da capo; así lo demostró ya en sus dos lamentos (“Ombre, piante, urne funeste” y “Se’l mio duol non è si forte”), en la regulación dinámica del “Spietati, io vi giurai” del segundo acto y en la capacidad de contraste vocal y de carácter en “Morrai, sì: l’impia tua testa”. A ello habría que añadir, como uno de los momentos más logrados de la noche, el dúo final de dicho acto con Bejun Mehta (Bertarido), algo apagado al inicio, pero con una prestación sobresaliente, en expresión y matiz, en su aria bucólica “Con rauco mormorio” y dominador de la agilidad en el conclusivo “Vivi, tiranno”.

© A. Bofill. Acto I. Oropesa-Prieto

Por su parte, Joel Prieto (Grimoaldo), quien acusó un comienzo también irregular, sacó buen fruto de su pasta lírico en el segundo y tercer actos (“Prigioniera ho l’alma in pena”; “Pastorello d’un povero armento”), en tanto, entre los comprimarios, resaltó la expresividad del Unulfo de Gerald Thomson (“Fra tempeste funeste”) y la emisión recia y flexible de Gianluca Margheri (Garibaldo), por encima de la Eduige de Sasha Cooke.

La orquesta liceísta, reducida lógicamente en sus efectivos y con Lina Tur como concertino invitado, supo transmitir, de la mano de Josep Pons, colorido a la obertura y a los ritornelli instrumentales, apoyada en la notable traducción de sus papeles obligati por el viento madera y en un uso moderado de la variedad tímbrica de un continuo prudente (clave, órgano, violonchelo, tiorba, fagot y contrabajo); el fuerte aplauso de un numeroso público, a lo largo de la velada y acrecido tras el brillante coro final, nos lleva a una petición urgente: ¡más ópera barroca en escena, prego!

Germán Gan Quesada

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