Audioclasica

19-IV-2019 Una Manon Lescaut decepcionante

MILÁN Temporada de ópera 2018/2019. Teatro alla Scala MARÍA JOSÉ SIRI, MARCELO ÁLVAREZ, MASSIMO CAVALLETTI, CARLO LEPORE, MARCO CIAPONI, ALESSANDRA VISENTIN, EMANUELE CORDARO. ORCHESTA Y CORO DEL TEATRO ALLA SCALA. DAVID POUNTNEY, DIRECCIÓN DE ESCENA. RICCARDO CHAILLY, dirección musical Puccini: Manon Lescaut Aforo: 2.222 Asistencia: 90% Eran 21 años que Manon Lescaut de Puccini no aparecía en el escenario del Teatro alla Scala, desde la excelente producción dirigida por Riccardo Muti en 1998 con una elegante y muy lograda puesta en escena de la famosa cineasta Liliana Cavani. Por este motivo era muy esperada la nueva producción dirigida por una…

©Brescia/Amisano – Teatro alla Scala. María José Sirien el primer acto de Manon Lescaut

MILÁN

Temporada de ópera 2018/2019. Teatro alla Scala

MARÍA JOSÉ SIRI, MARCELO ÁLVAREZ, MASSIMO CAVALLETTI, CARLO LEPORE, MARCO CIAPONI, ALESSANDRA VISENTIN, EMANUELE CORDARO. ORCHESTA Y CORO DEL TEATRO ALLA SCALA. DAVID POUNTNEY, DIRECCIÓN DE ESCENA. RICCARDO CHAILLY, dirección musical

Puccini: Manon Lescaut

Aforo: 2.222 Asistencia: 90%

Eran 21 años que Manon Lescaut de Puccini no aparecía en el escenario del Teatro alla Scala, desde la excelente producción dirigida por Riccardo Muti en 1998 con una elegante y muy lograda puesta en escena de la famosa cineasta Liliana Cavani. Por este motivo era muy esperada la nueva producción dirigida por una especialista en Puccini como Riccardo Chailly y que además proponía por primera vez la primera versión de la ópera (la que se estrenó en Turón en 1893) gracias a la nueva edición crítica de la partitura, publicada por la editorial Ricordi y realizada por Roger Parker. Lamentablemente la espera fue defraudada por varios problemas que caracterizaron en varios aspectos la operación propuesta por el famoso coliseo milanés. Pero vayamos con orden. En primer lugar, la primera versión de la ópera tiene sin duda elementos de interés, pero es seguramente la menos lograda de las versiones sucesivas, incluida la última que Puccini licenció con la ayuda de Arturo Toscanini en 1923. Los cambios más evidentes con respecto a la Manon Lescaut que habitualmente escuchamos son dos: la recuperación del final concertado del primer acto – completamente distinto y bastante menos interesante, así como dramatúrgicamente eficaz, del que el compositor añadió en 1910 – y la versión más extendida de “Sola, perduta, abbandonata” cantada por Manon en el final de la ópera que alarga demasiado el momento de desesperación de la protagonista indudablemente más impactante en la versión más breve de 1923.

©Brescia/Amisano – Teatro alla Scala. Mará José Siri, Carlo Lepore e Marco Ciaponi en el segundo acto de Manon Lescaut

Otro elemento negativo de la producción, y el más dañino, fue la indecente puesta en escena de David Pountney. En primer lugar, fue del todo contraproducente la idea de situar la escena en una estación de trenes (pensada por Leslie Traveres) de finales de XIX, o sea en época victoriana, y no el de la Francia del siglo XVIII. Se extravío completamente de esta manera el elemento del libertinaje típico del Siglo de la Luces como su irónica simulación – también en lo que se refiere a la conducta musical (sobre todo en el segundo acto) – central en la obra de Puccini. La presencia de un tren el primer acto que simulaba el carruaje con el que tienen que escapar los amantes, así como la de vagones de un tren (que igualmente se movían sin un sentido lógico) para simular la alcoba dieciochesca del segundo acto, introdujeron solo un efecto de confusión y una completa traición al sentido de la letra del libreto. A esto se añadió la presencia de nueve Manon Lescaut de edades diferentes que llenaban el escenario durante toda la ópera y una idea muy confusa de la protagonista que parecía ver en flashback todo el argumento de la misma. Un añadido de desconcierto para el espectador. Por último, transformar en un único personaje tres secundarios – Edmondo, el maestre de baile y el farolero –, cada uno con una especifica función dramatúrgica muy marcada, fue el enésimo detalle de la total incapacidad de Pountney de entender la esencia de la dramaturgia musical de esta magnifica obra de Puccini. A todo ello se añadió finalmente un trabajo del todo anodino sobre la actuación de los cantantes a menudo dejados solos, distanciados entre ellos y de esta forma incapaces de añadir el elemento pasional que tan importante es en el desarrollo de la historia desgraciada de los dos amantes.

©Brescia/Amisano – Teatro alla Scala. María José Siri y Marcelo Álvarez en el cuarto acto de Manon Lescaut

Todos estos aspectos acabaron por influenciar negativamente asimismo a la parte musical del espectáculo, incluida la dirección de Riccardo Chailly que sin embargo fue lo mejor de la velada. El director milanés consiguió una remarcable actuación, en el sentido de la transparencia, de su orquesta. Sin embargo, en su interpretación faltó el subrayar los elementos más dramáticos de la partitura dejando una lectura que al final salió bastante superficial e incapaz de profundizar coherentemente en el discurso musical. Lo que faltó fue sobre todo la substancia trágica de Manon Lescaut donde la dimensión de la angustia crece con los espamos de la orquesta y que no consigue salir a flote si lo que se evidencia son más los colores y la lucidez de la remarcable orquestación que el desarrollo dramático de la dramaturgia. También los intérpretes consiguieron estar a la altura de la obra. María José Siri tuvo problemas en varios momentos, sobre cuando se le exigía valorizar el lado dramático de Manon, a causa de una voz con un buen timbre, pero incapaz de resolver de forma solvente las variaciones expresivas exigidas por el personaje. En esto no fue además absolutamente ayudada por la puesta en escena. Marcelo Álvarez fue un Des Grieux lleno de problemas vocales, causados también por un ataque de asma que sufrió al final del segundo acto. Pese a este problema, resultó evidente la continua incomodidad del tenor argentino con las dificultades que hay que superar para abordar con creces uno de los papeles para tenor más difíciles del entero repertorio pucciniano. Totalmente insustanciales, pese a una buena actuación, fueron el Lescaut de Massimo Cavalletti (personaje que también a causa de la puesta en escena perdió toda su original importancia dramatúrgica) y el Geronte de Carlo Lepore. Insignificantes y hasta molestos en ciertos momentos los papales segundarios de Marco Ciaponi y Alessandra Visentin. Al final de la velada entre los tímidos aplausos surgieron también algunos abucheos a cargo de la puesta en escena y del tenor. Una velada para el olvido.

Gian Giacomo Stiffoni

essay writing servicepay for essaybuy custom essays