Audioclasica

30-VII-2019 ¿Recuperación de Manfroce?

MARTINA FRANCA Festival della Valle d’Itria. Palazzo Ducale (Cortile) LIDIA FRIDMAN, ROBERTA MANTEGNA, NORMAN REINHARDTH, MERT SÜNGÜ, MARTINA GRESIA. PIER LUIGI PIZZI: dirección escénica. SESTO QUATRINI: director musical Nicola A.Manfroce: Ecuba Aforo: 800. Asistencia: 90 % Uno de los dos títulos más esperados del presente Festival era la Ecuba de Nicola Antonio Manfroce, muerto a los veintidós años, y que con esta ópera un año antes había obtenido un enorme éxito en Nápoles. Se trataba de una operación de rescate cultural particularmente deseada por Fabio Luisi, que renunció con los ensayos comenzados por razones de salud, y que fue además…

© Clarissa Lapolla. De izquierda a derecha: Roberta Mantegna, Norman Reinhardt, Mert Sungu (sentado), Giovanni Fumarola y Lidia Fridman

MARTINA FRANCA

Festival della Valle d’Itria. Palazzo Ducale (Cortile)

LIDIA FRIDMAN, ROBERTA MANTEGNA, NORMAN REINHARDTH, MERT SÜNGÜ, MARTINA GRESIA. PIER LUIGI PIZZI: dirección escénica. SESTO QUATRINI: director musical

Nicola A.Manfroce: Ecuba

Aforo: 800. Asistencia: 90 %

Uno de los dos títulos más esperados del presente Festival era la Ecuba de Nicola Antonio Manfroce, muerto a los veintidós años, y que con esta ópera un año antes había obtenido un enorme éxito en Nápoles.

Se trataba de una operación de rescate cultural particularmente deseada por Fabio Luisi, que renunció con los ensayos comenzados por razones de salud, y que fue además comprometida por una afección a las cuerdas vocales de Carmela Remigio, que tal vez se presentará en el momento en que escribo estas líneas.

© Clarissa Lapolla

© Clarissa Lapolla

En todo caso, y fuera de la valoración de la representación en sí misma, la partitura no pareció muy apreciable. Es cierto que mira a Spontini, pero también que la diferencia es notable. El libreto es un texto realmente imposible de Giovanni Schmidt que hace reír más de una vez involuntariamente visto che el asunto no es precisamente cómico: “ di rose porporine/a lei s’adorni il crine” (coro, segundo acto) es un ejemplo obvio, pero no el peor, y aunque grandes músicos han salido airosos de apuros similares no es este el caso. Si se nos da una bella aria –sin duda- para los furores vengativos de la  protagonista (también en el segundo acto) acompañada por el arpa tal vez nos encontremos frente a un buen músico (o muy bueno) pero desde el punto de vista dramático no es un águila. Ni hablar de los recitativos. De verdaderamente importante en todos los aspectos se puede rescatar el gran cuarteto (escena VII del acto segundo). Por lo que respecta al final de la obra parecería un trabajo inconcluso (no lo es), y en absoluto del tipo de los inacabados de Miguel Ángel. Sin duda digna de un festival la propuesta de dar una oportunidad a un título considerado importante por determinados motivos, pero no creo que pronto lo veamos regresar ni siquiera a otro festival.

© Clarissa Lapolla

La puesta en escena de Pizzi (no muy bien acogida el día del estreno) destaca su importancia como escenógrafo y diseñador de vestuario, pero también sus limitaciones de director. Se trataba casi de una de esas versiones de concierto que hoy se llaman ‘semiescenificadas’. Pero hay que admitir que se trataba de un desafío difícil de coronar con éxito. El maestro Quattrini se encargó de la ópera con poco tiempo e hizo un buen trabajo, pero la orquesta del Teatro Petruzzelli de Bari no es una formación de altísimo nivel. Bien el coro del Teatro Municipal de Piacenza preparado por Corrado Casati.

© Clarissa Lapolla

© Clarissa Lapolla

La protagonista de la jovencísima (no por el aspecto) Fridman tenía el mérito de una gran seguridad, que denotaba una óptima preparación. Ni timbre ni agudos resultan particularmente interesantes. Mejor la Polissena de Roberta Mantegna, que sin embargo demuestra más afinidad con un repertorio posterior, por lo que la voz sonaba no pocas veces metálica. Bien la Teona de Martina Gresia. Los papeles más difíciles del punto de vista puramente vocal, aparte del de Polissena, son los de los dos señores, por lo que se oía dos baritenores. Seguramente lo es Achille: Reinhard obtenía por momentos bellos resultados, pero no siempre el timbre parecía bien administrado. En el rol del anciano Príamo (en esa época correspondía un tenor, y al parecer también baritenor) Süngü demostraba estar en posesión de una bella voz lírica, en el principio de la obra insuficiente y frágil. Mejoraba durante la representación y terminaba con un buen tercer acto (en el que por suerte se halla su aria más exigente). Correcto el jefe griego de Alfonso Zambuto, alumno de la Academia de Belcanto ‘Rodolfo Celletti’. De interpretaciones propriamente dichas, entre música, texto y dirección escénica, no parece oportuno hablar.

Jorge  Binaghi

essay writing servicepay for essaybuy custom essays