Audioclasica

01-XI-2019 Una “Norma” áulica

RAVENNA FESTIVAL – OTOÑO 2019. Teatro Alighieri. VITTORIA YEO, RICCARDO RADOS, ASUDE KARAYAVUZ, ANTONIO DI MATTEO, ENRICA CORTESE, ANDERA GALLI. Orquesta GIOVANILE LUIGI CHERUBINI. CORO LIRICO MARCHIGIANO “VINCENZO BELLINI”. CRISTINA MAZZAVILLANI MUTI, Dirección Escénica. ALESSANDRO BENIGNI, direción musical. Bellini: Norma Aforo: 880. Asistencia 99% Como ya es habitual el Ravenna Festival extiende su programación más allá de la temporada estival (que “Audio Clásica sigue con regularidad desde la edición del 2009) con la “Trilogía de Otoño”: tres espectáculos que siempre tiene como hilo conductor o un compositor, o un género u obras que abarcan un tema como el del año…

©Silvia Lelli. Vittoria Yeo en la última escena del segundo acto de Norma

RAVENNA FESTIVAL – OTOÑO 2019. Teatro Alighieri.

VITTORIA YEO, RICCARDO RADOS, ASUDE KARAYAVUZ, ANTONIO DI MATTEO, ENRICA CORTESE, ANDERA GALLI. Orquesta GIOVANILE LUIGI CHERUBINI. CORO LIRICO MARCHIGIANO “VINCENZO BELLINI”. CRISTINA MAZZAVILLANI MUTI, Dirección Escénica. ALESSANDRO BENIGNI, direción musical.

Bellini: Norma

Aforo: 880. Asistencia 99%

Como ya es habitual el Ravenna Festival extiende su programación más allá de la temporada estival (que “Audio Clásica sigue con regularidad desde la edición del 2009) con la “Trilogía de Otoño”: tres espectáculos que siempre tiene como hilo conductor o un compositor, o un género u obras que abarcan un tema como el del año pasado sobre las relaciones de poder entre los personajes en la obra de Verdi y donde las producciones fueron Nabucco y Rigoletto y la reposición de Otello estrenado en 2013.

La trilogía de este año, inaugurada el uno de noviembre, ha querido centrarse sobre tres figuras femeninas fundamentales del repertorio operístico decimonónico, con sendas nuevas producciones de Norma y Carmen y Aida o sea desde el bel canto hasta los albores del verismo. El hilo que une estos tres títulos centrales ha sido el de sondear sobre el destino de tres mujeres destinadas a escoger la muerte como acto de declaración de su propia libertad de acción. Cada puesta en escena, incluida la de la Norma de Vincenzo Bellini (ópera a la que he asistido el uno de noviembre) mantiene una cifra común, año tras año – a pesar de la variación de soluciones escogidas – gracias a la continua experimentación; fundamentalmente el recurso a velos sobre los que son proyectadas imágenes con particulares agrandados de objetos que se transforman en elementos escénicos de fuerte impacto. Para Norma, Cristina Muti (con la ayuda del “light designer” Vincent Longuemare, el escenógrafo y “visual designer” Ezio Antonelli y el “video programmer” Davide Broccoli) ha utilizado imágenes nocturnas de bosques, de una enorme luna y de las paredes de piedra que recordaban el fondo de un pozo, para ambientar los avatares de la sacerdotisa gala que por amor del procónsul romano Pollione y a sus dos hijos está dispuesta a sacrificar sí misma con un gesto de altruismo hacia su ministra del templo, Adalgisa, enamorada ella misma de Pollione . El resultado fue una producción bastante lograda en lo visual (gracias también a los bonitos trajes de Alessandro Lai) pese a una actuación de los cantantes menos convincente dejados a una improvisación demasiado personal no siempre del todo adecuada. La dimensión ritual, que pertenece, aunque sólo parcialmente, a la línea musical de Bellini, fue central en la puesta en escena de la directora. Inclusive los atormentados sentimientos privados de los personajes que parecían doblados a una idea casi liturgia y que los confinaba dentro de una gestualidad esencial y de un marco escénico condicionado por una luz fría que se hacía portavoz de la inmovilidad del conjunto. Bajo este aspecto la fidelidad a las intenciones dramatúrgicas del compositor, basadas en la representación musical de la interioridad del sentimiento, fue indiscutible.

©Silvia Lelli. Antonio Di matteo en el segundo acto de Norma

La juventud fue al centro de la sección musical, empezando por la Orquesta Juvenil Luigi Cherubini (ya una certeza en el Festival, y como siempre muy eficaz y pulida) dirigida por el director italiano Alessandro Benigni que ha pasado a la dirección de orquesta después de varios años como maestro acompañante. Benigni demostró gran temperamento en su lectura de Norma dejando una interpretación de carácter protoverdiano, por esto incapaz de acertar completamente el peculiar estilo y la dramaturgia de Bellini, bastante diferentes de los del compositor de Busseto.  No obstante, el director demostró tener un buen sentido de la teatralidad (con unos tiempos dramáticos muy acertados), como una excelente capacidad de entender la relación entre foso y escenario y un respeto casi absoluto de la partitura del compositor siciliano: única excepción la incomprensible decisión de seguir la nefanda tradición de encomendar el papel de Adalgisa a una mezzo soprano y no a un soprano ligero como fue previsto originalmente por Bellini.

©Silvia Lelli. Vittoria Yeo durante “Casta Diva” en el primer acto de Norma

El reparto fue encabezado por Vittoria Yeo que debutaba en el dificilísimo papel de Norma. Pese a que la soprano coreana no sea una especialista en el bel canto y acuse ciertas dificultades en los pasajes llenos de virtuosísimo, consiguió proporcionar igualmente la adecuada importancia al fraseo y a la dicción. Su figura algo hierática, con un rostro que parecía una máscara apta a disimular las atormentadas pasiones que agitan el personaje de Norma, fueron además muy convincentes, mientras que el timbre vocal lleno de matices consiguió una interpretación en crescendo basada en un tono áulico que bien se armonizó con la puesta en escena de Cristina Mazzavillani Muti. La Adalgisa de Asude Karayavuz, aunque caracterizada por un timbre demasiado obscuro, consiguió una interpretación bastante convincente, atenta a las indicaciones dinámicas y de fraseo consiguiendo una eficaz tensión escénica con la protagonista de Norma. A causa de una imprevista indisposición vocal de última hora, el tenor Giuseppe Tomasi, que tenía que ser Pollione, se presentó en escena, pero su papel fue cantado en el proscenio por Riccardo Rados. Rados consiguió una excelente actuación y gracias a su color más bien obscuro, casi de barítono, se acercó mucho al timbre que debió tener el primer intérprete de Norma, Domenico Donzelli. Finalmente, Antonio Di Matteo fue un austero Oroveso con una voz de bajo potente pero capaz de un excelente legato. Al final de la velada todos los intérpretes fueron premiados por largos aplausos.

Gian Giacomo Stiffoni

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