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22-XII-2019 “Tosca” al estilo Livermore

MILÁN Temporada de ópera 2019/2020. Teatro alla Scala SAIOA HERNÁNDEZ, FRANCESCO MELI, LUCA SALSI, ALFONSO ANTONIOZZI, CARLO CIGNI, CARLO BOSI, ERNESTO PANARIELLO, GIANLUIGI SARTORI. ORCHESTA Y CORO DEL TEATRO ALLA SCALA. DAVIDE LIVERMORE, dirección de escena. RICCARDO CHAILLY, dirección musical. Puccini: Tosca Aforo: 2.222 Asistencia: 99% Tosca, ópera que ha inaugurado la temporada 2019-2020 del Teatro alla Scala, es la quinta ópera de Puccini (después de Turandot y Fanciulla del West, Madama Butterfly y Manon Lescaut en las temporadas anteriores) que el director musical del coliseo milanés, Riccardo Chailly, presenta en su versión original, dentro de un proyecto que en…

©Brescia/Amisano – Teatro alla Scala. Luca Salsi durante el Te Deum del primer acto de Tosca

MILÁN

Temporada de ópera 2019/2020. Teatro alla Scala

SAIOA HERNÁNDEZ, FRANCESCO MELI, LUCA SALSI, ALFONSO ANTONIOZZI, CARLO CIGNI, CARLO BOSI, ERNESTO PANARIELLO, GIANLUIGI SARTORI. ORCHESTA Y CORO DEL TEATRO ALLA SCALA. DAVIDE LIVERMORE, dirección de escena. RICCARDO CHAILLY, dirección musical.

Puccini: Tosca

Aforo: 2.222 Asistencia: 99%

Tosca, ópera que ha inaugurado la temporada 2019-2020 del Teatro alla Scala, es la quinta ópera de Puccini (después de Turandot y Fanciulla del West, Madama Butterfly y Manon Lescaut en las temporadas anteriores) que el director musical del coliseo milanés, Riccardo Chailly, presenta en su versión original, dentro de un proyecto que en los años venideros abarcará todos los títulos del compositor de Lucca, convirtiendo de este modo la Scala en un punto de referencia de una verdadera Puccini renaissance. La versión original de Tosca, o sea la que se escuchó en el Teatro Costanzi de Roma el 14 de enero de 1900, no tiene muchas diferencias con la que se oye hoy habitualmente y que es la que aprobó el mismo Puccini enseguida después del estreno. Los cambios afectan algunos pasajes del dúo entre Tosca y Cavaradossi y otros puntos del primer acto, secciones mínimas en el segundo con un final diferente de “Vissi d’arte” y una diferente posición en la partitura de la famosa frase “E davanti a lui tremava tutta Roma” que Tosca pronuncia frente al cadáver de Scarpia. Por último, cambia la forma en como se presenta nuevamente el tema de “E lucevan le stelle” en el cierre precipitado de la ópera cuando Tosca se tira desde Castel Sant’Angelo y que aparece en su totalidad y no de forma concisa como lo escuchamos habitualmente.

Hay que decirlo enseguida: los cambios no favorecen nada la partitura que, en su versión definitiva, resulta mucho más eficaz y que pierde en concisión reabriendo los cortes aplicados por el compositor. De hecho, Tosca es la única ópera que Puccini no tocó nunca más en su carrera, consciente probablemente de su eficacia dramatúrgica y pese a que fuera la única de sus creaciones que no apreció nunca demasiado. Probablemente resultaban indigestos a su carácter jocoso los personajes de Tosca y Scarpia mientras que apreciaba la libertad y el idealismo del pintor Cavaradossi. Tosca y Scarpia son en efecto dos beatos, ejemplares típicos de la roma papalina, que enneciaran de forma diferente elementos de posesión, erotismo, celos y sadismo, siempre muy desagradables y llenos de ambigüedad. También Tosca, que dentro su devoción y entrega al arte encubre en realidad una violencia insospechada, así como un cinismo despiadado, como se aprecia en el magnifico final del segundo acto. Un momento de gran intensidad teatral y que Puccini y sus libretistas Luigi Illica y Giuseppe Giacosa trabajaron muchísimo, también a nivel de pantomima, para que resultara patente la ambigüedad, también erótica de la cantante.

©Brescia/Amisano – Teatro alla Scala. Saioa Hernández y Francesco Meli en el tercer acto de Tosca

Intensidad teatral y ambigüedad que caracteriza toda la partitura, ejemplo esplendido de síntesis dramático musical y que requiere una atención espasmódica al gesto correcto y al total respeto de las indicaciones presentes en la partitura. Algo que faltó con creces a la puesta en escena de Davide Livermore, que una vez más demostró la superficialidad de su acercamiento a la regie operística basada solo en efectos exteriores (aparentemente muy cinematográficos, pero en realidad alejados de la verdadera esencia del arte del cine), escenografías espectaculares (obra de Giò Forma) y por una escasa atención al gesto pertinente de los actores, dejados continuamente a una actuación anodina y absolutamente alejada de la modernidad que una partitura como Tosca sugiere de continuo. Los movimientos incesantes del decorado en el primer acto, el voyeurismo incensario en el segundo durante la tortura de Cavaradossi, la total traición de la ambigua pantomima que sigue al asesinato de Scarpia y el transformar el precipitado salto de Tosca desde Castel Sant’Angelo en un vuelo casi espiritual – encerrado en fajos de luces francamente ridículos – fueron sólo algunos de los peores momentos de una puesta en escena basada toda en el exceso y que presentaba sólo pocos relámpagos de sensatez.

©Brescia/Amisano – Teatro alla Scala. Una escena del segundo acto de Tosca

Por suerte Riccardo Chailly, que con su acostumbrada capacidad a la mediación aceptó culpablemente todo lo que se presentaba en la escena, fue capaz de valorizar mejor la modernidad y las peculiaridades de la partitura pucciniana. En realidad, su lectura no fue del todo ejemplar (faltó en varios momentos la justa intensidad teatral y la adecuada sensualidad necesaria en las líneas de algunas melodías), pero consiguió sacar a luz muchos de los detalles más sutiles de la partitura (gracias también a un trabajo modélico de la Orquesta de la Scala) arriesgando sin embargo en algunos momentos con tiempos algo lentos.

La actuación de los intérpretes fue lo mejor de la velada. Triunfadora fue sin duda Saioa Hernández que substituía a la prevista Anna Netrebko. La soprano española fue si cabe aún más eficaz que su famosísima colega rusa en retratar el difícil personaje de Tosca que exige una voz particularmente penetrante en todo el amplio registro en el que está escrito. La Hernández consiguió dar relieve sobre todo al aspecto impetuoso de Tosca valorizando al mismo tiempo lado lírico del personaje gracias a una voz siempre muy flexible. La gran sensibilidad e inteligencia musical que lo caracteriza – más que sus recursos vocales – permitieron a Francesco Meli un Cavaradossi ejemplar en todo momento, gracias a una línea del canto perfecta y un control del piano verdaderamente emocionante. Luca Salsi sacó a luz su voz potente y penetrante y sus grandes habilidades de actor en un papel como el de Scarpia que exige una poderosa presencia escénica. Sin embargo, su voz faltó de la justa variedad tímbrica para resaltar adecuadamente la ambigüedad del personaje con un timbre no muy agradable y una dicción no siempre perfecta. Excelentes todos los comprimarios con una nota de mérito para el Spoletta de Carlo Bosi y para el trabajo de Coro y del Coro de Voces Blancas de la Scala en la escena del Te Deum que cierra el primer acto. Éxito triunfal para todos los intérpretes al final de la velada.

Gian Giacomo Stiffoni

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