Audioclasica

21-I-2020 El viaje sonoro dentro del Castillo de Barbazul

VENECIA Temporada de ópera 2019/2020. Teatro la Fenice GIDON SAKS, AUŠRINĖ STUNDYTĖ, KARL-HEINZ MACEK, CHRISTOPHER LEMMINGS, MANUELA CUSTER. ORCHESTA Y CORO DEL TEATRO LA FENICE. FABIO CERESA, Dirección de escena. DIEGO MATHEUZ, Dirección Musical Barber: A hand of Bridge Bartók: El castillo de Barbazul Aforo: 1000 Asistencia: 75% El castillo de Barbazul de Béla Bartók – obra clave del teatro musical del siglo XX – ha sido un título que ha tenido cierta fortuna en las tablas del Teatro la Fenice, sobre todo en la década de los Ochenta. Entre 1981 y 1995 subió al escenario del teatro veneciano cuatro veces (en 1985 en…

©Michele Crosera. Gidon Saks y Aušrinė Stundytė en un momento de El castillo de Barbazul

VENECIA

Temporada de ópera 2019/2020. Teatro la Fenice

GIDON SAKS, AUŠRINĖ STUNDYTĖ, KARL-HEINZ MACEK, CHRISTOPHER LEMMINGS, MANUELA CUSTER. ORCHESTA Y CORO DEL TEATRO LA FENICE. FABIO CERESA, Dirección de escena. DIEGO MATHEUZ, Dirección Musical

Barber: A hand of Bridge

Bartók: El castillo de Barbazul

Aforo: 1000 Asistencia: 75%

El castillo de Barbazul de Béla Bartók – obra clave del teatro musical del siglo XX – ha sido un título que ha tenido cierta fortuna en las tablas del Teatro la Fenice, sobre todo en la década de los Ochenta. Entre 1981 y 1995 subió al escenario del teatro veneciano cuatro veces (en 1985 en una versión coreografiada por la grande Pina Bausch) siempre con enorme éxito, gracias también a una excelente puesta en escena de Giorgio Marini y la presencia del director Zoltan Pesko. Esta temporada La Fenice ha decidido proponer nuevamente la obra de Bartók junto a la ópera, siempre en un acto, de Samuel Barber A hand of Bridge. Son obras que poco tienen en común, aunque ambas, de forma muy diferente, presentan el tema de las relaciones de pareja.

A hand of Bridge, sobre un libreto de Gian Carlo Menotti y estrenada en el Festival de Spoleto en 1959, es una de las óperas más breves del repertorio (10 minutos): el tiempo de una mano de bridge que ve como protagonista dos parejas de amigos infelizmente casadas. Barber por desgracia consigue solamente esbozar las tensiones entre los personajes dentro de una música que se inspira a los ritmos y las armonías de la música jazz. La frustración de los personajes se convierte en una falta de satisfacción del espectador. El aburrimiento y la monotonía vencen dentro de una puesta en escena, la propuesta en La Fenice por Fabio Ceresa, gris y poco sugestiva con bailarines que visualizaban los sueños irrealizados de las dos parejas.

©Michele Crosera. Un momento de A hand of Bridge de Samuel Barber

Por suerte, la segunda parte de la velada ofreció una verdadera obra maestra y en la que Bartók trabajó a lo largo de una década hasta la versión definitiva de 1921. En El castillo de Barbazul el compositor húngaro funde de forma magnifica las características simbólico-expresionistas con un lenguaje musical enriquecido con los elementos folclóricos y étnicos de la música de su tierra. El resultado es una obra (sobre libreto de Béla Balaz y basado en el cuento de Charles Perrault y en Ariane et Barbe-Bleu de Maurice Maeterlink) basada en una exquisita tensión sonora y tímbrica a cargo de la orquesta sobre la que los dos personajes – Judit y Barbazul – expresan sus psicologías gracias a un recitativo melódico lleno de sugestiones. Las siete puertas que Judit pide a Barbazul de abrir originan siete episodios binarios, en cuyas secciones es extrínseca a lo que hay detrás y a la reacción que producen en el alma de Judit. En cada uno de los episodios se insinúa una disonancia estridula (un intervalo de segunda) que simboliza la sangre, presente en cada una de las visiones ofrecidas.

©Michele Crosera. Gidon Saks y Aušrinė Stundytė al inicio de El castillo de Barbazul

La riqueza de colores orquestales, así como la tensión psicológica presentes en la obra fueron excelentemente subrayadas en la lectura musical de Diego Matheuz (menos interesante en su acercamiento a Barber), hábil en valorizar cada detalle de la partitura, así como los repentinos cambios de dinámica exigidos por Bartók. La orquesta de la Fenice siguió muy bien el director venezolano dentro de una interpretación siempre sugestiva y a la que contribuyeron eficazmente los dos intérpretes, el bajo-barítono Gidon Saks (Barbazul) y la soprano Aušrinė Stundytė (Judit) muy acertados tanto en lo vocal como en la interpretación escénica.

La puesta en escena de Fabio Ceresa, basadas en las escenas de Massimo Checchetto y los trajes de Giuseppe Palella, ofreció una lectura interesante y fundamentalmente introspectiva de la obra. La mente de Barbazul por el director de escena se convierte en la llave que abra cada una de las puertas que en realidad esconden las etapas de un viaje que Barbazul hace dentro de su existencia gracias a la guía de Judit. Cada espacio abierto se basa en un color diferente con juegos de espejos, imágenes y luces que no siempre fueron igualmente sugestivos pero que convenció en su resultado global y que lamentablemente se perdió en la parte final de la obra por su incapacidad de estar a la altura del fascinante y tenebroso tapete sonoro elaborado por Bartók.

Calurosos aplausos marcaron el final de la velada frente a un teatro lamentablemente no del todo agotado.

Gian Giacomo Stiffoni

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