Audioclasica

02-II-2020 Tras un largo silencio

CAGLIARI TEMPORADA OPERA. TEATRO LIRICO FABBIAN/VECCIA, CAIMI/DE CARO, VERNA/BONSIGNORE, TIBURZI/KHANAMIRYAN, SAITTA/DALL’AMICO. CORO Y OARQUESTA DEL TEATRO. GIORGIO BARBERIO CORSETTI y PIERRICK SORIN: dirección escénica. GIUSEPPE GRAZIOLI: director musical Marinuzzi: Palla de’Mozzi Aforo: 1600. Asistencia: 80% Como suele ser habitual, el Teatro Lirico de Cagliari presenta como inicio de temporada un título nuevo o raro, o ambas cosas, como es el caso presente de una ópera que empezó con buen pie en los años treinta del pasado siglo y desapareció sólo diez años después. Seguramente todo ligado a la personalidad del genial director de orquesta Gino Marinuzzi, su autor. Había expectación…

© Priamo Tolu

CAGLIARI

TEMPORADA OPERA. TEATRO LIRICO

FABBIAN/VECCIA, CAIMI/DE CARO, VERNA/BONSIGNORE, TIBURZI/KHANAMIRYAN, SAITTA/DALL’AMICO. CORO Y OARQUESTA DEL TEATRO. GIORGIO BARBERIO CORSETTI y PIERRICK SORIN: dirección escénica. GIUSEPPE GRAZIOLI: director musical

Marinuzzi: Palla de’Mozzi

Aforo: 1600. Asistencia: 80%

Como suele ser habitual, el Teatro Lirico de Cagliari presenta como inicio de temporada un título nuevo o raro, o ambas cosas, como es el caso presente de una ópera que empezó con buen pie en los años treinta del pasado siglo y desapareció sólo diez años después. Seguramente todo ligado a la personalidad del genial director de orquesta Gino Marinuzzi, su autor. Había expectación por ver finalmente (y oir) una obra que recibió críticas elogiosas en su estreno. Asistí a dos representaciones con los dos repartos.

© Priamo Tolu

© Priamo Tolu

El libreto de Giovacchino Forzano es el primer elemento negativo: grandilocuente, con retórica propia de la época, para colmo carece de dimensión teatral. La música de Marinuzzi es ‘buena’, bien escrita y con atención a las novedades de su tiempo, pero parecería difícil que tiene un lenguaje propio, pero lo mejor estuvo en los momentos puramente orquestales. Seguramente tuvo presentes las grandes voces para las que concibió los tres papeles principales: el ‘dux’ protagonista (barítono), su hijo (Signorello, tenor) y la hija del enemigo Montelabro (Anna Bianca, soprano). Es difícil hoy imaginar vocalidades como aquellas aunque los cantantes fueron esforzados y obtuvieron bastantes buenos resultados, en especial Leonardo Caimi (Signorello), que evoluciona hacia los empleos pesados, y Francesca Tiburzi (Anna Bianca), una soprano de medios muy interesantes. El protagonista fue Elia Fabbian quien presentó una voz más fresca pero utilizada con menos interés que la de Angelo Veccia.  Lorenzo DeCaro tiene una voz enorme, pero sumamente engolada con dificultades de proyección, aunque logró algún buen momento. No fue el caso de la estridente Anna Rosa de Astrik Khanamiryan. Hubo un nutrido núcleo de comprimarios muy correctos entre los que destacaron Francesco Verna y Andrea Vincenzo Bonsignore como Montelabro, y Cristian Saitta y Luca Dall’Amico que se alternaron como el obispo y uno de los generales del protagonista (Niccolò). La puesta en escena siguió los senderos típicos de B. Corsetti con unas cámaras que producían el efecto de escenarios diversos en una pantalla de cine en lo alto del escenario, un efecto siempre curioso que luego termina cansando. Excelente la dirección del maestro Grazioli, gran conocedor y defensor de la obra y que dirigió muy bien a la orquesta del Teatro (en algún momento algo fuerte) y al coro, muy correcto, preparado por Donato Sivo.

Jorge  Binaghi

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